Travis el chimpancé y Charla Nash

Cuando pensamos en un chimpancé, casi siempre aparece la misma imagen. Un animal chiquito, dócil, vestido para una publicidad, usando un inodoro o jugando como si fuera un niño. Pero un chimpancé no se queda así. Crece, se convierte en un animal de más de 100 kg con una fuerza capaz de superar a varios adultos y con comportamientos que no se pueden predecir ni controlar y mucho menos dentro de una casa.
Y algo así fue lo que pasó con Travis, un chimpancé criado como si fuera un hijo que durante años fue una celebridad hasta que un día todo se acabó de la forma más brutal posible. El chimpancé Travis nació en un criadero privado en Missouri en algún momento entre junio de 1994 y octubre de 1995. Días después de nacer fue comprado por Sandra y Jerry Herold, un matrimonio de Connecticutat por unos $40,000 a la creadora Connie Casy.
Sandra decidió llamarlo Travis por el cantante Travis Street, uno de sus favoritos. Desde ese momento, el chimpancé dejó de estar en un entorno controlado para convertirse en el nuevo integrante del hogar de los Herold, lo que marcaría el inicio de una convivencia que se mantendría durante más de una década.

 

Sandra y Jerry tenían una hija, Susan, pero ya era adulta y se había mudado lejos hacía un tiempo, por lo que desde el primer día, Travis fue incorporado a la casa como si fuera un niño. Dormía en una cuna dentro del mismo dormitorio que la pareja, tomaba biberón, usaba pañales y hasta vestía ropa de bebé. Con el tiempo terminó durmiendo directamente en la cama con ellos.
Aprendió a usar el inodoro, a manejar cubiertos, abrir puertas y a desplazarse por la casa sin restricción alguna. También imitaba rutinas humanas. se bañaba con la familia, observaba lo que hacían y reproducía esos gestos que iba aprendiendo. Y conforme iba creciendo, Travis empezó a incorporar otras conductas. Usaba la computadora, coloreaba dibujos, miraba televisión y hasta sabía calentar comida en el microondas. Llegó incluso a manejar.

 

Se sentaba al volante, encendía el vehículo y podía moverlo dentro de la propiedad. Y como si fuera poco, también conducía el tractor cortacésped. Su dieta también era bastante extraña. Comía alimentos considerados especiales como filet miñón, cola de langosta y helado, además de golosinas y comida rápida que le daban como premios o snacks.
En la casa se lo trataba como un miembro más de la familia, sin diferenciación entre hábitos humanos y conductas propias de un chimpancé. Mientras tanto, su exposición pública crecía. participó en anuncios y hasta aparecieron programas de televisión donde lo presentaban como un chimpancé inteligente y dócil. También era una figura habitual en el negocio de remolques de los Herolds.
Pasaba horas ahí adentro interactuando con clientes y trabajadores y se fue convirtiendo en algo así como una mascota local. Los vecinos lo conocían bien y también las autoridades. Todo este periodo definió la base de la relación entre Travis y los Herold, una convivencia completamente humanizada, sostenida en comportamientos aprendidos y reforzada por la atención cotidiana y constante que recibía.

 

 

Era tratado, educado y mostrado al mundo como un hijo sustituto. Y eso marcó el rumbo de prácticamente todo lo que vino después. A medida que Travis crecía, comenzaron a aparecer señales claras de que su comportamiento no podía sostenerse bajo los parámetros de una mascota doméstica. Los primeros registros formales datan de 1996, cuando tenía alrededor de un año.
Una mujer se acercó al auto de los Herold para saludarlo y Travis la mordió en la mano después de tomarla por sorpresa. Dos años más tarde, en 1998, un hombre intentó alcanzarle un juguete que se le había caído al piso y Travis le mordió el pulgar. Estos hechos no generaron sanciones ni tampoco una intervención estatal, pero sí fueron los primeros indicios de que lógicamente el comportamiento del chimpancé no siempre era predecible.
Especialistas en primates y oficiales del control animal explicaron a Sandra que un chimpancé adulto podía ejercer la fuerza equivalente a cuatro o cinco hombres que durante la madurez sexual aumentaba su dominancia y agresividad y que su comportamiento sería más difícil de controlar conforme avanzara a la edad. De hecho, esa es la razón por la cual siempre que se veían chimpanés en la industria del entretenimiento eran jóvenes, porque los adultos resultan totalmente imprevisibles.
Pero el episodio que terminó de instalar estas preocupaciones ocurrió el 19 de octubre de 2003. Travis estaba viajando en auto con Sandra cuando una persona arrojó una lata o una botella por la ventanilla. Al parecer, de alguna manera ese objeto impactó en el chimpancé y él, asustado se desabrochó el cinturón, abrió la puerta y salió corriendo.
Persiguió al responsable y luego a varios oficiales que intentaron contenerlo. Entraba y salía del vehículo repetidamente y cadavez que lograban encerrarlo conseguía liberarse por su cuenta. La situación duró varias horas hasta que finalmente pudieron controlarlo sin que hubiera heridos. Este incidente motivó la aprobación de una ley estatal que exigía un permiso especial para primates de más de 50 libras, algo así como 22 o 23 kg.
Sin embargo, Travis quedó exceptuado de esta ley porque vivía con los Herold desde hacía años y no se lo consideró un riesgo inmediato. Algunos oficiales lo describían como juguetón, pero el personal de control animal no coincidía con esa lectura. Para ellos, el episodio confirmaba que la tenencia de Travis podía representar un problema mayor en el futuro, especialmente considerando la edad que estaba alcanzando y el modo en que vivía dentro del hogar.
Y para este punto de la historia es de vital importancia hacer hincapié en dos hechos que cambiaron por completo la relación de Sandra con el chimpancé. En el año 2000, la única hija de Sandra y Jerry, Susan, murió en un accidente automovilístico. La muerte fue totalmente repentina y modificó drásticamente la estructura emocional del hogar.
A partir de ese momento, Travis ocupó un lugar todavía más central dentro de la familia. Todas las rutinas giraban alrededor de él y las tragedias continuaron. A comienzos de marzo de 2004, Jerry Harold empezó a sentir dolores abdominales intensos mientras trabajaba. El malestar fue aumentando y un día le pidió a un empleado que lo llevara al hospital.
Ahí recibió un diagnóstico certero, cáncer de estómago avanzado, con metástasis y sin opciones terapéuticas efectivas para frenar la progresión. La enfermedad avanzó con una rapidez atroz. Jerry murió el 12 de abril de 2004, apenas semanas después del diagnóstico. Antes de fallecer, le pidió a Sandra que considerara enviar a Travis a un santuario convencido de que ella no podría hacerse cargo sola de un chimpancé que ya tenía fuerza de adulto y que seguiría creciendo.
Pero la muerte de Jerry afectó de manera directa tanto a Sandra como a Travis. Sandra entró en un periodo de depresión profunda, mientras que el chimpancé mostró cambios notorios en su comportamiento diario. Se mecía durante largos periodos mirando a la nada, tomaba fotografías de Jerry de las paredes, las abrazaba y las besaba y esperaba su llegada cada noche a la hora en que solían cenar juntos.
Para Sandra, todo esto demostraba que el animal estaba atravesando un duelo propio y la idea de enviarlo a un santuario comenzó a hacerse cada vez más lejana. De hecho, llegó a redactar una carta dirigida a una mujer que administraba uno en Florida, donde hablaba de una gran preocupación que era el hecho de que Travis quedaría solo si ella moría primero.
Adjuntó fotografías de él y un cheque por $250 como donación inicial, pero nunca se la envió. No hubo nuevos intentos formales de reubicación y Travis continuó viviendo con Sandra sin modificaciones en su rutina. Entre 2005 y 2008, el peso de Travis aumentó de manera sostenida hasta llegar a 240 libras, algo así como 110 kg. Considerado clínicamente como obesidad mórbida para un chimpancé de su edad.
Su actividad física era mínima y la mayor parte del tiempo la pasaba mirando tele o comiendo snacks dentro de la casa, ya que después del incidente de 2003, Sandra dejó de llevarlo a espacios públicos. Incluso para este momento había avanzado con la construcción de una ampliación en la casa diseñada originalmente por Jerry para mejorar las condiciones de espacio destinadas al chimpancé.
Y en paralelo a todo esto había retomado contacto con una amiga del pasado, Charla Nash. Habían empezado a hablar tras la muerte de Jerry y como Charla estaba atravesando dificultades económicas, se mudó junto a su hija a un departamento ubicado en la propiedad de los Herold. Además, comenzó a trabajar para Sandra como despachante y encargada de tareas administrativas en el negocio de remolques.
También colaboraba con el mantenimiento del jardín del enorme predio donde vivían y por todo eso ya había empezado a tener contacto con Travis desde hacía años. La amistad fue creciendo y consolidándose y en febrero de 2009 Sandra y Charla decidieron hacer un plan distinto. Se fueron a la peluquería y al otro día viajaron a una ciudad cercana para ir a un casino donde pasaron todo el fin de semana.
El lunes regresaron a Stanford, pero al volver a casa, Sandra notó que Travis estaba agitado y que no quería ver televisión ni comer ninguno de sus alimentos preferidos. Ese comportamiento no era habitual en él y en un intento por estabilizarlo, le preparó un té con Snax, un ansiolítico que Travis ya había recibido en otras ocasiones.
Vale destacar que los efectos adversos de este medicamento pueden incluir desinhibición, confusión, pérdida de autocontrol o percepciones alteradas. Poco después, mientras Sandra limpiaba una de las habitaciones, Travistomó lasllaves del auto directamente de la mesada de la cocina y salió de la casa por su cuenta.
Luego empezó a correr entre los vehículos estacionados afuera intentando abrir las puertas. Sandra intentó hacerlo volver, pero no pudo controlarlo. Frente a la situación, llamó a Charla que tenía experiencia acercándose al chimpancé. Ella llegó a la propiedad alrededor de las 3:40 de la tarde, llevando en la mano un muñeco de elmo que era uno de los juguetes preferidos del animal.
Su intención era atraerlo y lograr que regresara al interior de la casa, tal como habían hecho en otras ocasiones. Pero esa acción marcó el comienzo de los minutos más atroces que se puedan imaginar. Y desde ya que lo que viene a continuación es bastante fuerte tanto en el relato como en las imágenes. En cuanto Travis veo a Charla y al muñeco, se levantó sobre dos de sus patas y corrió hacia ella con rapidez.
La envistió directamente, la derribó contra el lateral de su auto y comenzó a morder y a desgarrar cualquier parte del cuerpo a la que podía acceder. Charla intentó defenderse, pero la diferencia de fuerza era absoluta. A lo largo de aproximadamente 12 minutos, Travis le arrancó los párpados, nariz y labios. Le desgarró y retiró prácticamente todo el cuero cabelludo.
Le fracturó múltiples huesos faciales, incluyendo estructuras de la mandíbula. Le destrozó ambos ojos, le amputó la mano izquierda, le dejó el brazo derecho casi cercenado y le provocó heridas que luego fueron diagnosticadas como traumáticas y profundas con daño cerebral asociado a la pérdida de masa ósea. Durante el ataque, Sandra intentó intervenir de dos maneras.
Primero tomó una pala e intentó golpear a Travis en la cabeza, pero el chimpancé ni siquiera reaccionó. Luego corrió hacia la cocina, tomó un cuchillo y volvió para apuñalarlo tres veces en la espalda, pero tampoco hubo respuesta. Después de eso, Sandra se refugió dentro de su vehículo, cerró la puerta y realizó una llamada al 911. There the kill my my friend please with your friend I need to know with a gun with a gun he’s killing my friend who’s killing your friend their hurry up please shoot what is the monkey doing what the monkeur on the way man they got to shoot pleas
the monkey moves away from your friend let me know so we could try to She’s dead. She’s dead. She’s dead. He ripped her apart. He ripped what apart? Her face. Everything. I think I’m going to face. I think I’m going to Please, please. Is the monkey still by your friend or can you get close to your friend? Please they tell them they got to shoot him because I tried stabbing him and he’s not and it made him worse.
I tried stabbing him and and he’s hurt now, too. I can’t get out of this car. Los primeros patrulleros llegaron minutos después de esa llamada. Para ese momento, Travis ya se había alejado de charla y caminaba por la propiedad libremente, todavía activo, a pesar de los tres cuchillazos que había recibido. Cuando los oficiales vieron a charla, pensaron que había muerto hasta que la vieron mover una pierna.
Rápidamente el chimpancés se acercó a uno de los patrulleros e intentó abrir la puerta del acompañante, pero estaba cerrada. Luego se dirigió hasta la del conductor, tiró la manija, abrió la puerta y desde el interior el oficial Frank Cafari le disparó cuatro veces a corta distancia, directamente contra él. A pesar de la proximidad y de la cantidad de disparos, Travis no cayó en el acto, retrocedió, se alejó del patrullero y corrió de vuelta hacia la casa.
Entró por una de las puertas abiertas, atravesó todo el interior y terminó muriendo dentro de su recinto, el mismo en el que había vivido durante más de una década. Todo esto en solo 2 minutos. Con Travis ya muerto dentro de la casa, los equipos de emergencia pudieron acercarse a Charla, quien fue trasladada de inmediato al hospital donde se le practicaron una serie de cirugías de emergencia.
Las heridas fueron consideradas tan graves que el propio hospital ofreció asistencia psicológica al personal de salud que participó en las primeras intervenciones debido al impacto emocional y repentino que generó la escena. Connete onminey Harold, the owner of Travis the Chimpanze says she keeps reliving the horror of her pet attacking her best friend.
It’s a tragedy on both parts for my friend and for him. He was my life. I raised him since he was three and a half weeks old. I cooked for him. I shopped for him. I lived with him. I slept for me to do something like that. Put a knife in him. Was like putting one in myself. And then he turned around and like, “Mom, what did you do?” He was my life. Everybody knows it.
I mean, I I cooked for him. I shopped for him. I lived with him. I slept with him. A los pocos días, Charla fue trasladada a la Cleveland Clinic en Ohio para continuar su tratamiento, ingresar en un programa de reconstrucción facial y evaluar la posibilidad de futurostrasplantes. Dato de color, misma clínica donde trabajó Fabaloro.
Mientras tanto, las autoridades iniciaron los procedimientos rutinarios para investigar el caso y descartar cualquier factor biológico que pudiera haber influido en la conducta de Travis. Como parte de ese protocolo se decidió analizar la cabeza del chimpancé en un laboratorio estatal para determinar si tenía rabia u otras enfermedades transmisibles.
Pero Travis no estaba infectado. Además, funcionarios estatales y federales retomaron la discusión sobre si se podía o no tener un chimpancé en una casa y se impulsó una iniciativa un poco más amplia, una ley que buscaba prohibir la venta y posesión de monos, simios y lemures como mascotas en Estados Unidos. La propuesta avanzó en la Cámara de Representantes, pero no logró aprobación en el Senado, por lo que nunca entró en vigor.
Después de completados los estudios toxicológicos y sanitarios, 9 días después del ataque, el cuerpo de Travis fue trasladado a un crematorio. por su parte no pudo superar la ausencia del animal y todo lo ocurrido. I had to get and you stabbed him. I had to looked at me like mom what did you do? It’s a horrible thing, but I’m not a horrible person.
And he wasn’t a horrible chimp. It was a freak thing. Animal experts are saying that chimps shouldn’t be pets. They’re dangerous. They’re animals. And this is what can happen. They’re closest thing to human. Según registros del caso, se negó a limpiar la sangre dentro de la casa y adquirió un chimpancé de peluche de gran tamaño que colocó en la silla favorita de Travis y hasta exploró la posibilidad de obtener otro chimpancé, un ejemplar juvenil llamado Chance.
Pero 15 meses después del ataque, Sandra murió de un aneurisma órtico roto, muerte súbita. Fue enterrada junto a Jerry y su esposo con dos urnas colocadas dentro del ataú, una con las cenizas de su hija Susan y otra con las cenizas de Travis. En paralelo en la Cleveland Clinic y después de un largo periodo de internación bajo tratamiento intensivo con cirugías programadas y cuidados reconstructivos continuos, Charla despertó y declaró que no recordaba nada del ataque.
Su primera aparición pública fue en noviembre de 2009 en el programa de RA. comes off. Ok. All right. All right. You know many people around y luego dio algunas entrevistas más. En 2011 recibió un trasplante de rostro que fue exitoso, aunque el trasplante de manos intentado en paralelo fracasó y debió revertirse por complicaciones. I never thought I’d like this.
Fiercely independent, Charla now lives on her own. Monday through. Tras el ataque, la familia de Charla inició acciones legales contra el patrimonio de Sandra Herold. En un primer momento, el reclamo ascendía a 50 millones de dólares, fundamentado en la magnitud de las lesiones, los costos médicos, presentes y futuros y la responsabilidad de Sandra como propietaria del chimpancé.
La demanda se centró exclusivamente en el patrimonio disponible de los Herold debido a que Sandra había fallecido durante el proceso. Finalmente, en noviembre de 2012, ambas partes alcanzaron un acuerdo judicial. El monto final fue de casi 4 millones dó provenientes de activos, propiedades e inversiones de Sandra. Este monto quedó destinado a cubrir gastos médicos, terapias, intervenciones reconstructivas y la manutención a largo plazo de charla.
En 2014, ella volvió a aparecer públicamente para apoyar la ley que buscaba prohibir la venta de monos. Again I was attacked and by Chinanze Travis off my face my hands they were able to sal thumb and it most of you don’t know that I contracted it disease in my eyes and the remind. La historia de Travis tiene una pequeña pseudo aparición en Nope.
La película de Jordan Pill. Hay una subtrama centrada en un chimpanze actor llamado Gordi, que durante la grabación de un programa de televisión pierde el control y ataca brutalmente al Elén. Si bien no se menciona específicamente el caso, la referencia es evidente. Hoy en día se calcula que en Estados Unidos hay unos 15,000 primates viviendo en manos privadas, no en zoológicos ni centros autorizados, en casas.
De hecho, encontré esta noticia del 2010 meses después de lo sucedido con Travis y Charla. La tenencia sigue siendo posible, pero cada vez está más restringida y rodeada de requisitos que varían según el estado. Y algo similar ocurre con otras especies exóticas. Por solo dar un ejemplo. Tima que en Estados Unidos hay más tigres en cautiverio, en patios, criaderos y colecciones privadas que tigres en libertad en toda Asia.
A pesar de que la legislación avanzó mucho desde casos como el de Travis, la demanda por fauna exótica sigue existiendo y en muchos lugares del mundo la regulación todavía es débil o prácticamente inexistente.