Caso frío Aragón 2007 resuelto – arresto conmocionó a la sociedad

 

En junio de 2007, tres estudiantes universitarios salieron a aferenderismo en los Pirineos y nunca regresaron. Durante 14 años, las familias, la policía y los equipos de rescate de montaña no encontraron ni un solo rastro. Pero en 2021, cuando un anciano pastor encontró tres mochilas a 3,000 m de altitud frente a una cueva, lo que halló en su interior dejó a todos en shock.

 Porque en esas mochilas, además de las fotografías tomadas el día de su desaparición, había una nota fechada 14 años después. Pero, ¿cómo era posible? Antes de continuar con esta inquietante historia, si valoras casos misteriosos reales como este, suscríbete al canal y activa las notificaciones para no perderte ningún caso nuevo y dinos comentarios desde qué país y ciudad nos estás viendo.

 Sentimos curiosidad por saber dónde está distribuida nuestra comunidad por el mundo. La mañana del 15 de junio de 2007 amaneció despejada en Huesca, en la región aragonesa de España. La temperatura era perfecta para hacer montañismo, apenas 18 gr con un cielo completamente a full que prometía un día ideal para la aventura que tres jóvenes universitarios habían planeado durante meses.

 Markalta, de 23 años, estudiaba geología en la Universidad de Barcelona. Era un joven alto, de complexión atlética, con el cabello oscuro siempre revuelto y una sonrisa que contagiaba optimismo. Había crecido en Girona, en una familia de clase media donde su padre trabajaba como ingeniero y su madre como profesora de secundaria. Desde pequeño Mark había mostrado fascinación por las montañas y las formaciones rocosas, pasando cada verano en los Pirineos con sus abuelos, que tenían una pequeña casa en el valle de Venazque.

 Su pasión por la geología no era solo académica. Mark veía las montañas como libros abiertos que contaban la historia de millones de años y los Pirineos eran su biblioteca favorita. Había hecho más de 50 rutas diferentes en la cordillera. documentando formaciones rocosas y tomando muestras para sus estudios. Sus profesores lo consideraban uno de los estudiantes más prometedores de su generación.

 Acompañando a Mark estaba Laura Estév, de 22 años, estudiante de biología en la misma universidad. Laura era de estatura media, delgada pero fuerte, con el cabello castaño claro que llevaba siempre recogido en una trenfa. Había nacido en Zaragoza, donde sus padres dirigían una pequeña farmafia familiar.

 Era la mayor de tres hermanos y desde muy joven había mostrado un sentido de responsabilidad muy desarrollado. Laura había conocido a Mark en un seminario sobre ecosistemas de alta montaña durante su segundo año de universidad. Ambos compartían la pasión por la naturaleza y habían formado una relación que sus amigos describían como complicada pero profunda. No eran exactamente pareja, pero tampoco solo amigos.

 Había entre ellos una conexión que iba más allá de las etiquetas convencionales. El tercer miembro del grupo era Jordi Más, de 24 años, estudiante de antropología. Jordi era el mayor de los tres, tanto en edad como en experiencia de vida. De complexión robusta y baja estatura, con barba espesa y ojos penetrantes, Jordi había crecido en un pequeño pueblo de Yida llamado Trump.

 Su familia llevaba generaciones dedicándose a la ganadería y él había sido el primero en ir a la universidad. La decisión de Jordi de estudiar antropología había causado tensiones familiares. Su padre esperaba que continuara con el negocio familiar, pero Jordi sentía una llamada diferente. Le fascinaban las historias antiguas, las leyendas locales y los mitos que los ancianos de su pueblo contaban en las largas noches de invierno.

 Había algo en esas narrativas que le hacía creer que contenían verdades más profundas de lo que la gente pensaba. Los tres se habían conocido en una excursión universitaria organizada por el club de montaña de Barcelona en 2005. Desde entonces habían realizado juntos más de 20 rutas diferentes, siempre buscando lugares menos conocidos, alejados de las rutas turísticas masificadas. Su filosofía era simple.

Los Pirineos guardaban secretos que solo se revelaban a quienes se atrevían a explorar más allá de los senderos marcados. La expedición de junio de 2007 no era una excursión ordinaria. Durante meses, Jordi había estado investigando una leyenda local sobre una cueva oculta en lo alto del mafifo del Posets, la segunda montaña más alta de los Pirineos con sus 3375 m de altitud.

 Según las historias que había recopilado de anfianos en varios pueblos del valle, esta cueva había sido utilizada durante siglos como refugio por pastores y contrabandistas. Pero lo que realmente había captado la atención de Jordi era una historia más oscura. Varios anfianos habían mencionado que la cueva tenía mala energía y que en el pasado personas que habían entrado allí habían desaparecido o habían regresado cambiadas.

 Uno de los ancianos, un hombre de 87 años llamado Fermín, le había contado a Jordi que su propio hermano había entrado en esa cueva en 1952 y nunca había salido. Mark había visto en esta expedición una oportunidad perfecta para su proyecto de fin de carrera sobre formaciones geológicas en zonas de alta altitud.

 Laura, por su parte, quería documentar la flora alpina que crecía a esas alturas extremas. Y Jordi, por supuesto, quería verificar si la cueva de las leyendas realmente existía. El plan era claro y aparentemente seguro. Saldrían desde el pueblo de Eriste, subirían por el valle de Estos hasta el refugio de Estos, donde pasarían la primera noche.

 Al día siguiente continuarían ascendiendo hacia el firco de Yardaneta, una zona remota y poco frecuentada del Mafifo. Según los cálculos de Jordi basados en las descripciones de los ancianos, la cueva debería estar aproximadamente a 3000 m de altitud en una zona de difícil acceso, pero no técnicamente imposible. Llevaban equipamiento completo, tiendas de campaña, sacos de dormir para temperaturas bajo cero, GPS, mapas topográficos detallados, comida para 5 días y todo el equipo de seguridad necesario. Mark llevaba su cámara digital reflex, con la que había tomado

miles de fotografías en expediciones anteriores. La familia de Mark los despidió con la preocupación habitual. Su madre, Teresa, les había preparado bocadillos extras y les había hecho prometer que llamarían cada día. El padre de Laura, Midel, les había dado consejos sobre rutas alternativas en caso de mal tiempo.

 Los padres de Jordi habían sido más escuetos en su despedida, todavía algo resentidos por la decisión de su hijo de percibir fantasías en las montañas en lugar de trabajar en algo productivo. El 15 de junio a las 7:30 de la mañana, los tres jóvenes comenzaron su ascenso desde Heriste. El pueblo con apenas 200 habitantes estaba empezando a despertar. Varios vecinos los vieron partir, llevando sus grandes mochilas y con expresiones de entusiasmo en los rostros. El ascenso inicial fue como lo esperaban.

 El sendero hacia el refugio de Estos era bien conocido y estaba claramente marcado. Pasaron por bosques de pinos negros, atravesaron prados alpinos llenos de flores silvestres y siieron el curso del río estos. cuyo sonido constante acompañaba su camino. A las 2:30 llegaron al refugio de Estos, situado a 1890 m de altitud.

 El refugio estaba prácticamente vacío con solo dos montañeros alemanes que planeaban intentar el ascenso al Posets al día siguiente por la ruta normal. El guardián del refugio, un hombre llamado Ramón de unos 55 años, registró su llegada en el libro de visitas y les ofreció café caliente. Durante la cena, Ramón les advirtió sobre la fona hacia la que se dirigían.

 El firco de Yardaneta no es lugar para novatos, les dijo con tono serio. Y si están buscando esa cueva de la que hablan los viejos del valle, déjenme decirles que es mejor que se olviden de eso. Yo llevo 30 años trabajando en estas montañas y he conocido a varios que fueron a buscarla. Algunos volvieron, otros no. Mark, con su habitual optimismo, respondió, “Somos cuidadosos, Ramón.

 Llevamos GPS, tenemos experiencia y no vamos a tomar riesgos innecesarios. Ramón negó con la cabeza lentamente. No es cuestión de riesgos o experiencia, chaval. Es que esa fona tiene algo raro. Los pastores no suben ahí con sus rebaños. Los animales se ponen nerviosos y hay zonas donde la brújula empieza a dar lecturas extrañas.

Laura preguntó, “Lecturas extrañas. ¿Cómo qué?” La aguja de la brújula empieza a girar sin sentido, como si hubiera una anomalía magnética o algo así. Y no soy el único que lo ha visto. Otros montañeros lo han reportado también, por eso esa zona no aparece en muchos mapas de rutas.

 Jordi escuchaba con atención tomando notas en su pequeño cuaderno. Para él, estos detalles no eran advertencias para alejarse, sino confirmaciones de que estaban en el camino correcto hacia algo extraordinario. Esa noche, los tres durmieron en el refugio. Mark revisó su cámara y verificó que tenía suficientes tarjetas de memoria.

 Laura organizó su equipo de muestreo botánico. Jordi releyó sus notas sobre la cueva y estudió el mapa topográfico una vez más, marcando con un círculo rojo la zona aproximada donde creía que deberían buscar. La última entrada en el libro del refugio, escrita por Marca las 10:15 del 15 de junio de 2007, decía: “Mañana vamos a Fiallardaneta. Si encontramos la cueva, será épico.

Deseennos suerte. La mañana del 16 de junio amaneció con algo de niebla baja, pero Ramón les aseguró que se despejaría antes del mediodía. A las 7 de la mañana, después de un desayuno rápido, los tres jóvenes se despidieron de Ramón y de los montañeros alemanes y comenzaron su ascenso hacia el firco de Yardaneta.

 Ramón los vio alejarse por el sendero que subía hacia el este. Esa fue la última vez que alguien los vio con vida. Según el plan que habían dejado con Ramón, deberían regresar al refugio antes del Nochefer del 17 de junio. Si por alguna razón decidían quedarse una noche más arriba, lo habían prometido que enviarían un mensaje de texto antes de las 8.

 En esa zona, aunque remota, había cobertura de móvil intermitente en algunos puntos altos. El 17 de junio a las 9, cuando no habían regresado ni enviado ningún mensaje, Ramón comenzó a preocuparse. Intentó llamar a los números que Mark le había dejado, pero las llamadas iban directamente al bufón de BOF. Decidió esperar hasta la mañana siguiente antes de alertar a las autoridades, pensando que quizás se habían quedado sin batería en los móviles o simplemente habían decidido acampar una noche más.

 La mañana del 18 de junio, cuando todavía no había señales de los tres estudiantes, Ramón llamó al grupo de rescate especial de intervención en montaña, Graim, de la Guardia Civil. A las 10, un equipo de seis especialistas llevó al refugio para iniciar la búsqueda. El capitán de la Guardia Civil, Roberto Sánchez, tomó declaración a Ramón sobre la última vez que había visto a los jóvenes.

 También revisó el libro del refugio y el mapa donde Mark había marcado su ruta prevista. Sánchez tenía 42 años y llevaba 18 años trabajando en rescates de montaña. Había visto de todo. Montañeros atrapados por avalanchas, escaladores caídos, excursionistas perdidos, pero algo en este caso le producía una sensación extraña. La zona de yardaneta, preguntó Sánchez Ramón. Esa es una zona complicada, muy complicada. Ramón asintió.

 Les advertí, capitán, pero eran jóvenes, seguros de sí mismos. Ya sabe cómo es. El equipo de rescate equipado con radios, GPS y material de escalada, comenzó el ascenso hacia el firco de Yardaneta a las 11:30 de la mañana. El clima era bueno, con visibilidad excelente.

 Si los estudiantes estaban heridos o atrapados en algún lugar, debería ser relativamente fácil localizarlos. Mientras tanto, en Barcelona, las familias comenzaban a recibir las primeras noticias preocupantes. Teresa Vilalta, la madre de Mark, había intentado llamar a su hijo durante todo el día 17 sin éxito. Cuando recibió la llamada de la Guardia Civil informándole que su hijo estaba desaparecido en la montaña, sintió que el mundo se detenía a su alrededor.

 Midel Stézf, el padre de Laura, cerró inmediatamente la farmafia y junto con su esposa Clara se dirigieron en coche a Fiahesca. El viaje de 4 horas se le hizo eterno. Los padres de Jordi, Josep y Monserrat, recibieron la noticia con una mezcla de miedo y algo que se acercaba a la resignación. “Siempre supe que algo así podía pasar”, murmuró Josep.

 Durante tres días, el equipo de rescate peinó meticulosamente la fona de Yardaneta. Utilizaron perros de búsqueda, drones con cámaras térmicas y helicópteros que sobrevolaban la fona. Encontraron algunas huellas de botas que podrían haber sido de los estudiantes, pero las huellas se perdían en zonas rocosas donde era imposible cedirlas. No encontraron ninguna tienda de campaña, ninguna mochila, ningún rastro de que alguien hubiera acampado en esa zona recientemente. Era como si los tres jóvenes se hubieran evaporado en el aire.

 El 22 de junio, después de una semana de búsqueda intensiva, el capitán Sánchez tuvo que dar la noticia que ningún padre quiere escuchar. Hemos hecho todo lo que está en nuestra mano. La fona ha sido completamente rastreada. No hay señales de su presencia. Es posible que hayan caído por alguna grieta o barranco que no hemos podido detectar o que hayan cambiado de ruta y estén en una zona completamente diferente.

Las familias se negaron a aceptar que la búsqueda terminara. Con sus propios recursos contrataron equipos privados de rescate. Durante todo el verano de 2007, grupos de voluntarios subieron repetidamente a los Pirineos, explorando cada rincón accesible del mafifo del Posets. Teresa Valta se mudó temporalmente a Eriste, desde donde coordinaba las búsquedas diarias.

 Cada mañana subía con diferentes grupos de voluntarios, gritando el nombre de su hijo hasta quedar fónica. Por las noches lloraba en silencio en la pequeña pensión donde se hospedaba. Mivel y Clara Estéf establecieron contacto con Sos desaparecidos, la asociación española que ayuda a familias de personas desaparecidas.

A través de esta organización considieron que el caso tuviera cobertura mediática. Las fotografías de Mark, Laura y Jordi aparecieron en periódicos de toda España. Programas de televisión como ¿Quién sabe donde dedicaron episodios completos al caso, los padres de Jordi adoptaron un enfoque diferente.

 Contrataron a un investigador privado llamado Enric Vidal, un exmiembro de la Guardia Civil que se había especializado en casos de personas desaparecidas en montaña. Vidal pasó semanas entrevistando a pastores locales, revisando registros históricos de accidentes en la Fona y estudiando patrones meteorológicos de esa fecha específica. Lo que Vidal descubrió era inquietante.

 Desde 1920 hasta 2007, al menos ocho personas habían desaparecido en un radio de 3 km alrededor del firco de Yardaneta, no todas al mismo tiempo, sino en incidentes separados a lo largo de décadas. Y en ninguno de los casos se había encontrado nunca un cuerpo. Es una anomalía estadística, explicó Vidal a los padres de Jordi.

 En cualquier otra zona de los Pirineos, cuando alguien se pierde, generalmente encontramos algo. Restos, equipamiento, algo. Aquí nada. Es como si esa zona se tragara a las personas. A finales del verano de 2007, con la llegada de las primeras nevadas, las búsquedas activas tuvieron que suspenderse. Las familias prometieron retomarlas en la primavera siguiente, cuando la nieve se derritiera y se pudieran explorar zonas que en invierno eran inaccesibles.

 Pero la primavera de 2008 no trajo nuevas pistas, ni la de 2009, ni las siguientes. Año tras año, las familias regresaban a los Pirineos, cada vez con menos esperanza, pero incapaces de rendirse. Mark, Laura y Jordi se habían convertido en parte de la estadística de los 6000 casos de personas desaparecidas sin resolver en España. Los compañeros de Universidad de los tres organizaban cada año una marcha conmemorativa, subiendo hasta el refugio de Estos en el aniversario de la desaparición.

 Ramón, el guardián del refugio, mantenía una fotografía de los tres jóvenes en la pared principal del refugio, junto con una vela que encendía cada 16 de junio. Teresa Vilalta nunca se recuperó realmente dejó su trabajo como profesora y dedicó todo su tiempo a la asociación Sos desaparecidos, ayudando a otras familias que pasaban por situaciones similares. Su matrimonio no sobrevivió a la atención y se divorció en 2010.

Su exmarido, el padre de Mark, se sumergió en el trabajo como forma de escapar del dolor. Mivel y Clara Estéf mantuvieron la farmacia abierta, pero los vecinos notaban como habían envejecido prematuramente. Cada conversación con ellos inevitablemente giraba hacia el aura.

 Habían convertido la habitación de su hija en una especie de santuario, manteniendo todo exactamente como ella lo había dejado el día que partió hacia los Pirineos. Los padres de Jordi casi nunca hablaban del tema. En su pueblo, la gente había aprendido a no mencionar a Jordi en su presencia. El silencio se había convertido en su forma de lidiar con la pérdida.

 Los años pasaron convirtiendo la esperanza en resignación y la resignación en una aceptación amarga. Los tres estudiantes se habían unido a la larga lista de personas que los Pirineos se habían llevado sin devolver nunca. Hasta el 23 de agosto de 2021, Mikel Echeverría era un pastor vasco de 68 años que había pasado más de 40 veranos llevando su rebaño de ovejas a los pastos altos de los Pirineos.

Conocía las montañas como la palma de su mano, cada sendero, cada refugio natural, cada fuente de agua. Era un hombre de pocas palabras, curtido por décadas de vida al aire libre, con una barba gris y manos ásperas que contaban la historia de toda una vida de trabajo duro.

 Ese verano de 2021, Mikel había subido con su rebaño más alto de lo habitual. Una sequía inusual había secado los pastos de altitud media, obligándolo a buscar zonas más elevadas donde la hierba todavía estaba verde. Sus dos perros pastores, Shakur y Aker, lo acompañaban en esta tarea que se había vuelto más difícil con los años. La mañana del 23 de agosto, Mikel estaba en una zona aproximadamente a 2950 m de altitud en el circo de Yardaneta.

 Era una zona que normalmente evitaba, no por superstición, sino porque el terreno era demasiado accidentado para las ovejas. Pero este año no tenía opción. Alrededor de las 11 de la mañana, mientras Shakur y Aker mantenían al rebaño agrupado, Mikel decidió explorar un poco más arriba para verificar si había mejores pastos.

 subió por una pendiente pronunciada de rocas y hierba alpina hasta llegar a una fona de grandes bloques de piedra que parecían haber caído de las paredes rocosas superiores en algún momento del pasado geológico remoto. Y allí, parcialmente ocultas detrás de uno de los bloques más grandes, vio tres mochilas. Al principio, Mikel pensó que eran basura dejada por montañeros irresponsables, algo que desgraciadamente era cada vez más común en los Pirineos.

 se acercó con la intención de recogerlas y bajarlas al pueblo más cercano para su eliminación apropiada, pero cuando estuvo más cerca, se dio cuenta de que algo no encajaba. Las mochilas estaban en sorprendentemente buen estado para haber sido abandonadas. Aunque claramente habían estado a la intemperie durante algún tiempo, no mostraban el deterioro extremo que cabría esperar de años de exposición a los elementos.

 La tela estaba descolorida y había algunas fonas con MO, pero las cremalleras funcionaban y la estructura de las mochilas estaba intacta. Mikel abrió la primera mochila con cierta cautela. Dentro encontró ropa doblada, todavía identificable, aunque manchada y moosa. También había una linterna frontal, un saco de dormir comprimido y en un compartimento lateral protegido con una bolsa impermeable, una cartera.

 Con manos temblorosas, Mikel abrió la cartera. Dentro había un documento de identidad español con la fotografía de un joven sonriente. El nombre en el documento de Fia, Mark Bilalta Roca. La fecha de nacimiento indicaba que había nacido el 15 de marzo de 1984. Mikel sintió un escalofrío recorrer su espina dorsal. Había vivido en los Pirineos el tiempo suficiente para conocer las historias de desapariciones.

Y aunque no recordaba los detalles específicos, el nombre Mark Valta le resultaba vagamente familiar. Abrió la segunda mochila. Esta contenía equipamiento similar y en su interior encontró otro documento de identidad. Laura Estéf Moreno, nafida el 8 de julio de 1985.

 La tercera mochila pertenecía a Jordi Maspch, nacido el 22 de noviembre de 1983. Pero lo que realmente hizo que el corazón de Mikel se acelerara fue lo que encontró en el fondo de la mochila de Mark, protegido en una bolsa hermética, una cámara digital reflex. Mikel sabía que tenía que contactar inmediatamente con las autoridades.

 Sacó su teléfono móvil, pero como era habitual en esas altitudes, no tenía cobertura. decidió que lo mejor era bajar hasta el refugio de Estos, que estaba a unas tres horas de camino, y desde allí llamar a la guardia civil. Lo que Mikel no hizo en ese momento y que más tarde lamentaría fue registrar más profundamente las mochilas o buscar en los alrededores.

 Su prioridad era reportar el hallafgo lo antes posible. A las 4:30 de esa tarde, Mikel llegó al refugio de estos. El guardián actual, un joven llamado Albert, que había sucedido a Ramón años atrás, escuchó con asombro mientras Mikel describía lo que había encontrado. Las mochilas de los tres estudiantes. Albert se quedó boquiabierto.

 Pero eso fue en 2007, hace 14 años. Albert inmediatamente llamó al puesto de la guardia civil en Venasque. A las 6, un equipo de cuatro agentes liderados por el sargento David Molina llevó al refugio. Mikel les mostró en el mapa exactamente donde había encontrado las mochilas. Ya era demasiado tarde para subir esa noche, así que se decidió que al día siguiente, al amanecer, un equipo completo del Greim subiría hasta el lugar del halfgo para recuperar las mochilas y hacer una búsqueda exhaustiva de la fona. Esa misma tarde, las familias recibieron la llamada que habían estado esperando durante 14 años.

Teresa Vilalta estaba en su apartamento en Barcelona cuando su teléfono sonó. Al ver que era un número de huesca, su corazón dio un vuelco. “Señora Vilalta”, dijo la voz al otro lado. “Soy el sargento David Molina de la Guardia Civil. Tengo noticias sobre su hijo Mark.” Teresa apenas pudo articular palabra. “Lo lo han encontrado.

” No exactamente, señora, pero hemos encontrado su mochila y sus pertenencias. Un pastor las encontró esta mañana a gran altitud en los Pirineos. Teresa se derrumbó en el sofá llorando. Después de 14 años, finalmente había algo. Una pista, una posibilidad de respuestas. Las llamadas similares se hicieron a las familias de Laura y Jordi.

 Migel Esteberró la farmacia inmediatamente y junto con su esposa se dirigieron hacia Huesca. Los padres de Jordi recibieron la noticia en silencio, sin saber si sentir esperanza o terror por lo que pudieran descubrir. La noticia se filtró a la prensa esa misma noche. Para la mañana del 24 de agosto, el hallazfgo de las mochilas era noticia nacional.

 Los canales de televisión enviaron equipos a Venasque. Las redes sociales explotaron con teorías sobre qué había pasado con los tres estudiantes. A las 6 de la mañana del 24 de agosto, un equipo de 12 especialistas del GREM, junto con dos agentes de la Unidad Central Operativa, UCO, de la Guardia Civil especializados en investigaciones complejas, comenzaron el ascenso hacia el lugar donde Mikel había encontrado las mochilas. El equipo llegó al sitio aproximadamente a las 10:30.

Mikel los había acompañado para mostrarles la ubicación exacta. Las tres mochilas se vían donde las había dejado el día anterior, ahora acordonadas con finta policial. Los especialistas comenzaron un procedimiento meticuloso de documentación. Cada mochila fue fotografiada desde múltiples ángulos antes de ser movida.

 Se tomaron muestras del suelo circundante. Se utilizó un yoradar para detectar si había algo enterrado en las inmediaciones. Mientras algunos miembros del equipo profesaban las mochilas, otros comenzaron una búsqueda en espiral desde el punto de hallazgo, buscando cualquier otra evidencia: huesos, ropa, equipamiento adicional.

 Fue uno de los agentes, un joven llamado Iván Ruif, quien hizo el descubrimiento que cambiaría todo. Aproximadamente 50 m arriba del punto donde estaban las mochilas, medio oculta por bloques de roca y apenas visible incluso para alguien que estuviera buscando activamente, había una abertura en la montaña. Una cueva. Sarfento Molina, llamó Iván por rario. Creo que he encontrado algo. una entrada de cueva.

El equipo se reagrupó en la ubicación que Iván había señalado. Efectivamente, allí había una abertura no muy grande, quizás 1 met y medio de altura por 1 metro de ancho. La entrada estaba parcialmente bloqueada por rocas sueltas, pero era claramente accesible. Molina iluminó el interior con una linterna potente.

 El af de luf penetraba solo unos pocos metros antes de ser absorbido por la oscuridad. No podía ver que había más allá. Esto debe ser la cueva de la que hablaban, murmuró Molina. La cueva que estaban buscando. El protocolo exigía precaución extrema. No sabían que había dentro de esa cueva, si era estructuralmente estable o si había peligros ocultos.

 Se decidió que dos miembros del equipo, equipados con cascos, linternas y radios, harían una exploración preliminar. Molina y otro agente experimentado llamado Carlos Mendofa entraron en la cueva mientras el resto del equipo permanecía afuera, manteniendo comunicación constante por radio. La cueva se adentraba en la montaña en un ángulo descendente.

 El suelo era irregular, una mezcla de roca sólida y tierra compactada. Las paredes mostraban formaciones naturales, estalactitas y estalacmitas, que indicaban que la cueva había sido formada por procesos geológicos naturales durante miles de años. Después de avanzar aproximadamente 20 m, la cueva se abría en una cámara más grande de unos 5 m de diámetro.

 Y allí, en esa cámara, encontraron lo que habían estado buscando durante 14 años. Tres sacos de dormir dispuestos en círculo, restos de una pequeña fogata en el centro, latas de comida vacías apiladas ordenadamente en una esquina y en una pared de la cueva grabados con lo que parecía ser una piedra afilada. Tres nombres.

 Mark, Laura Jordi. Control. Aquí Molina habló por la radio. Su voz controlada pero tensa. Hemos encontrado evidencia de que los desaparecidos estuvieron aquí. Parece un campamento. Pero no hay cuerpos. Repito, no hay cuerpos. La investigación forense de la cueva duró 3 días completos. El equipo instaló un campamento base en la entrada y trabajó meticulosamente documentando cada centímetro del espacio.

 Lo que encontraron contaba una historia parcial pero perturbadora. Los análisis preliminares de los sacos de dormir mostraron que habían sido usados. Las muestras de ADN confirmaron que pertenecían a Mark, Laura y Jordi. La fogata había sido utilizada múltiples veces, según indicaban las capas de Fenifa.

 Las latas de comida correspondían con el tipo de provisiones que los estudiantes habían llevado, pero había detalles que no encajaban. Según los expertos forenses, basándose en el estado de descomposición de los materiales orgánicos y el análisis de las capas de sedimento, los estudiantes habían estado en esa cueva durante varios días, posiblemente hasta una semana.

 ¿Por qué no habían salido? ¿Por qué no habían pedido ayuda? La respuesta parcial vino cuando encontraron en una grieta de la pared de la cueva un teléfono móvil. Era el teléfono de Laura. La batería estaba completamente agotada, pero los técnicos pudieron recuperarlo y enviarlo al laboratorio de la UCO en Madrid para análisis forense digital.

 También encontraron los restos de lo que parecía haber sido un pequeño cuaderno de notas parcialmente destruido por la humedad. Las páginas estaban pegadas entre sí y la tinta había corrido, pero algunos fragmentos eran legibles. Los técnicos trabajaron cuidadosamente para separar las páginas y preservar lo que quedaba del texto. Lo más inquietante fue lo que encontraron en la cámara más profunda de la cueva, a la que se accedía por un pasaje estrecho.

 Allí, el equipo descubrió algo que nadie esperaba, señales de que alguien más había estado allí. Había marcas en las paredes que no correspondían con las herramientas que los estudiantes habían llevado. Restos de una oa diferente, más antigua según el análisis de carbono, y algo que hizo que los investigadores se miraran entre sí con expresiones de confusión, huellas de manos grabadas en la roca hechas con una sustancia ocre que los análisis preliminares identificaron como pigmento natural mezclado con sangre. Pero la datación de estas huellas era imposible de determinar con precisión en el campo.

Podían tener décadas, siglos o incluso más tiempo. El 27 de agosto, las mochilas y todos los objetos recuperados fueron trasladados a los laboratorios forenses de la Guardia Civil en Madrid para análisis detallados. La Cámara de Mark fue enviada a especialistas en recuperación de datos digitales.

 Aunque había estado expuesta a los elementos durante 14 años, la cámara estaba en sorprendentemente buen estado, protegida por la bolsa hermética en la que Mikel la había encontrado. Los técnicos trabajaron durante dos días para extraer la tarjeta de memoria y recuperar los datos.

 Lo que encontraron dejó a todos en SOC. La tarjeta contenía 237 fotografías. Las primeras mostraban el viaje de los estudiantes. Imágenes del pueblo de Eriste, del ascenso hacia el refugio, del refugio mismo de Ramón el guardián sonriendo mientras le servía café. Las siguientes fotografías documentaban su ascenso hacia el firco de Yardaneta el 16 de junio de 2007.

 Había fotos del paisaje espectacular, de formaciones rocosas que Mark había querido documentar para su proyecto de Laura Examinando Plantas Alpinas. Una serie de fotografías tomadas alrededor de las 2:47, según los datos Exif, mostró el momento en que encontraron la cueva. Las imágenes capturaban su emoción.

 Jordi posando triunfalmente en la entrada, Mark y Laura sonriendo, claramente emocionados por haber encontrado lo que habían estado buscando. Las siguientes fotografías documentaban el interior de la cueva. Habían explorado el espacio tomando imágenes de las formaciones geológicas, de las inscripciones antiguas en las paredes, de la cámara profunda con las huellas de manos oc.

 Pero luego las fotografías tomaban un giro inquietante. Las imágenes con fecha de 17 de junio por la mañana mostraban la entrada de la cueva desde el interior y en varias de esas fotografías se veía algo que no había estado allí el día anterior. La entrada estaba parcialmente bloqueada por rocas. Había una serie de fotografías que mostraban a los tres intentando mover las rocas.

 Sus expresiones, que al principio mostraban curiosidad y leve preocupación, progresivamente se volvían más tensas, más desesperadas. Una fotografía tomada el 18 de junio mostraba a Laura llorando, abrafada por Mark. Otra mostraba a Jordi intentando hacer señales con su teléfono móvil cerca de la entrada, tratando desesperadamente de concebir cobertura.

 Las últimas fotografías con fecha clara eran del 20 de junio. Mostraban los tres sacos de dormir en círculo alrededor de una pequeña fogata. Sus rostros estaban demacrados, obviamente deshidratados y exhaustos. En una de las últimas imágenes, los tres aparecían juntos en lo que claramente era una fotografía de despedida.

 Pero lo que causó verdadera consternación entre los investigadores fueron las últimas tres fotografías de la tarjeta. Según los datos Exif, habían sido tomadas el 22 de junio de 2007, dos días después de las fotografías de despedida. Estas imágenes mostraban la cueva vacía. Los sacos de dormir se vían allí, pero no había señales de los tres jóvenes.

 La cámara parecía haber sido colocada en un trípode o superficie estable con un temporizador automático y en una de las paredes de la cueva, claramente visible en la fotografía, había un mensaje escrito con lo que parecía ser carbón de la fogata. Si alguien encuentra esto, no entramos voluntariamente, no pudimos salir. Hay algo más aquí.

 Los investigadores verificaron y reverificaron los datos de la cámara. No había señales de manipulación digital. Las fotografías eran auténticas tomadas con esa cámara específica en esas fechas específicas. Pero eso significaba que Mark, Laura y Jordi habían estado vivos al menos hasta el 22 de junio, 6 días después de que comenzara la búsqueda oficial.

 Y luego, de alguna manera habían desaparecido de dentro de la cueva. Cuando los restos del cuaderno de Jordi finalmente fueron profesados y las páginas legibles fueron reconstruidas, proporcionaron más piezas del rompecabezas, pero también más preguntas. El cuaderno documentaba sus primeros dos días en la cueva con tono emocionado, pero crecientemente preocupado.

 16 de junio, noche, la encontramos. La cueva es real, es exactamente como describían los anfianos. Mañana exploraremos más a fondo. 17 de junio, mañana. Algo raro pasó durante la noche. Cuando despertamos, había rocas bloqueando parcialmente la entrada. Mark piensa que fue un desprendimiento natural. Yo no estoy tan seguro. Las rocas están colocadas de una manera que parece deliberada.

17 de junio, tarde. No podemos mover las rocas. Son demasiado grandes y pesadas. Los móviles no tienen cobertura aquí dentro. Hemos intentado gritar, pero estamos demasiado lejos de cualquier ruta. Mañana intentaremos de nuevo. Las entradas de los días siguientes mostraban creciente desesperación. 18 de junio.

 Conservamos agua de una filtración en la cueva. Comida para tres días más. Laura está asustada. Mark trata de mantenernos positivos. Yo yo escucho cosas. Sonidos que vienen de lo profundo de la cueva como respiraciones. 19 de junio. Mark dice que son alucinaciones por estrés, pero Laura también las escucha. Por la noche, cuando apagamos las linternas para ahorrar baterías, hay hay luz, una luz tenue que viene de la cámara profunda. No es luz natural, no puedo explicarlo.

20 de junio. La luz se acerca cada noche. Esta noche la vimos claramente. No es luz, son formas, figuras que se mueven. Mark finalmente las vio. ya no puede negar que hay algo aquí con nosotros. La última entrada legible era espelufnante. 21 de junio. Ellos nos hablan, no con palabras, con pensamientos, nos muestran cosas, imágenes de personas que vinieron antes que nosotros. El hermano de Fermín.

 Los otros, todos los que desaparecieron aquí, no murieron. Se fueron con ellos a través de algo en la cámara profunda. Un pasaje. Dicen que podemos elegir quedarnos aquí y morir o ir con ellos. Laura quiere ir. Mark dice que es locura. Yo ya no sé que es real. Ahí terminaban las entradas legibles del cuaderno, pero quedaba un último misterio por resolver, uno que resultaría ser el más inquietante de todos.

 En la última página del cuaderno, escrito con una caligrafía diferente, más cuidadosa y clara que las entradas anteriores, había un mensaje final. Y según el análisis forense de la tinta y el papel, ese mensaje había sido escrito años después del resto del cuaderno. La datación sugería que había sido escrito entre 2019 y 2021.

 El mensaje de Fía, a quién encuentre esto. Lo que está escrito antes es verdad. Elegimos irnos. No sabíamos si era muerte o algo más. Solo sabíamos que no había otra salida. donde estamos ahora es difícil de explicar. No es muerte, pero tampoco es vida como la conocíamos. Es diferente. Hay otros aquí, mucha gente que desapareció a lo largo de los años.

 Algunos se adaptaron, otros se perdieron en sí mismos. Si están leyendo esto, significa que alguien encontró nuestras cosas. Dejamos las mochilas afuera como señal. La cámara tiene las últimas fotos. Por favor, díganles a nuestras familias que lo sentimos, que los amamos, que no queríamos causarles dolor. No busquen más.

 No hay cuerpos que encontrar. No estamos muertos, pero no podemos volver. El pasaje se cierra y se abre. Cuando está abierto, llama a ciertas personas, las guía aquí. Siempre ha sido así. Es parte de esta montaña, parte de algo más antiguo que la montaña misma.

 Díganle a mamá que encontré lo que estaba buscando, solo que no era lo que esperaba. Mark, Laura y Jordi. Solstifio de verano, 2021. Los análisis forenses no pudieron determinar con certeza absoluta cuando fue escrito el mensaje, pero todas las pruebas apuntaban a una conclusión imposible. El mensaje había sido añadido al cuaderno recientemente, posiblemente solo semanas antes de que Mikel encontrara las mochilas.

 La fecha mencionada, solstifio de verano 2021, correspondía al 21 de junio de 2021, exactamente dos meses antes de que las mochilas fueran descubiertas y exactamente 14 años después de su desaparición. Pero eso significaría que Mark, Laura y Jordi, o al menos uno de ellos, habría tenido que regresar a esa cueva en 2021, añadir el mensaje al cuaderno y luego, ¿qué? Volver a donde quiera que hubieran estado durante 14 años.

 La investigación se profundizó. El análisis de ADN de la tinta utilizada en el mensaje final mostró trafas de félulas epiteliales. El perfil de ADN coincidía con el de Mark Bilalta. Los especialistas en grafología compararon la caligrafía del mensaje final con muestras de la escritura de Mark de antes de 2007.

 Aunque había diferencias sutiles, posiblemente atribuibles a 14 años de cambio, la estructura básica de las letras era consistente con la escritura de Mark, pero esto era científicamente imposible. ¿Cómo podía alguien que había desaparecido en 2007 haber escrito un mensaje en 2021? Las autoridades exploraron todas las explicaciones racionales posibles.

 Podría ser un engaño. Alguien que había encontrado el cuaderno años antes y había añadido el mensaje como una broma cruel. Pero, ¿cómo explicar el ADN de Mark? ¿Podría haber supervivientes? ¿Podrían Mark, Laura y Jordi haber sobrevivido de alguna manera y estado viviendo escondidos durante 14 años? Pero, ¿por qué? Y cómo habrían sobrevivido inicialmente en esa cueva sin provisiones.

 Podría ser que nunca estuvieron realmente desaparecidos, que todo fue una desaparición voluntaria elaborada, pero los análisis forenses de la cueva mostraban claramente que había habido una emergencia real, que habían estado atrapados. El caso atrajó atención internacional.

 expertos en fenómenos paranormales sugirieron explicaciones que iban desde portales dimensionales hasta abducciones extraterrestres. Escépticos argumentaban que tenía que haber una explicación racional que simplemente no habían descubierto aún. Las familias quedaron en un limbo emocional aún más profundo que antes. Durante 14 años habían vivido sin saber si sus hijos estaban vivos o muertos.

 Ahora tenían evidencia de que habían estado vivos al menos hasta el 22 de junio de 2007 y posiblemente imposiblemente hasta 2021. Teresa Vilalta fue la primera en hablar públicamente después de que se revelaran los hallafgos. En una entrevista televisiva que fue vista por millones de personas, dijo, “Durante 14 años quise creer que Mark todavía estaba vivo en algún lugar.

 Ahora tengo evidencia de que quizás lo estuvo, pero ese mensaje final, ¿qué se supone que debo hacer con eso? ¿Aceptar que mi hijo está en algún lugar incomprensible, ni vivo ni muerto? ¿Cómo se vive con eso? Mivel y Clara Estéf adoptaron una postura diferente. Eligieron creer que el mensaje era genuino, que sus hijos habían encontrado algún tipo de escape o transición a algo.

 Si Laura eligió irse, si eso le dio algún tipo de paz o nueva existencia, entonces tengo que aceptarlo”, dijo Clara. Es mejor que pensar que murió aterrorizada en esa cueva. Los padres de Jordi, fieles a su naturaleza reservada, no hicieron declaraciones públicas, pero los vecinos de su pueblo notaron que habían vuelto a abrir las contraventanas de la habitación de Jordi, que habían permanecido cerradas durante 14 años.

 La Guardia Civil oficialmente ferró el caso en diciembre de 2021, clasificándolo como desaparición sin resolver con circunstancias extraordinarias. La cueva fue sellada con una reja de metal, aunque las autoridades reconocieron que cualquier montañero determinado podría acceder si realmente quisiera.

 Se colocó una placa conmemorativa en el refugio de Estos, con los nombres de Mark Valta, Laura Estéfilli Más y las fechas 16 de junio de 2007, 22 de junio de 2007, aunque esas fechas ahora parecían inadecuadas dado el misterio sin resolver. En los años siguientes, la cueva se convirtió en un lugar de peregrinación para personas interesadas en fenómenos inexplicables.

 También se convirtió en un lugar de reflexión para familias de otras personas desaparecidas que encontraban en la historia de los tres estudiantes un eco de sus propias pérdidas sin resolver. Varios investigadores independientes han tratado de explorar más a fondo la cueva y la cámara profunda que Mark, Laura y Jordi mencionaron.

 Todos reportaron experiencias extrañas, equipos electrónicos que fallaban, brújulas que giraban erráticamente, sensaciones de desorientación temporal. Un equipo de geólogos estudió las características magnéticas de la fona y encontró efectivamente anomalías geomagnéticas inusuales alrededor de la cueva. Algunos especularon que estas anomalías podrían crear efectos psicológicos en las personas, explicando las visiones que Jordi describió en su cuaderno.

 Pero esto no explicaba el mensaje fechado en 2021. Teresa Valta visitó la cueva una vez en el verano de 2022. Un año después de que las mochilas fueran encontradas, subió acompañada por un guía de montaña y dos miembros de la asociación Sos desaparecidos. Pasó una hora sentada en la entrada de la cueva hablando en voz baja como si Mark pudiera escucharla.

 Cuando bajó, los que la acompañaban dijeron que parecía más en PF de lo que había estado en años. Le dije a Dios, explicó simplemente, no sé dónde está, si está en algún lugar o en ningún lugar, pero le dije adiós. El caso de los tres estudiantes de los Pirineos permanece abierto en los archivos de personas desaparecidas de España, técnicamente sin resolver, pero también sin posibilidad realista de más investigación. es fitado frecuentemente en programas sobre misterios sin explicación, en podcast de True Crime y

en documentales sobre desapariciones inexplicables. Lo que hace que este caso sea único no es solo el misterio de que les pasó a Mark, Laura y Jordi, sino el misterio adicional del mensaje imposible escrito 14 años después de su desaparición con el ADN de uno de ellos, describiendo una existencia que desafía nuestra comprensión de la realidad.

 Sobrevivieron de alguna manera y vivieron escondidos durante 14 años antes de dejar ese mensaje final. ¿Existe realmente algún tipo de fenómeno en esa cueva que desafía las leyes de la física que conocemos? ¿O hay una explicación perfectamente racional que simplemente no hemos descubierto todavía? Estas preguntas probablemente nunca serán respondidas satisfactoriamente.

 Lo que sí sabemos es que tres jóvenes prometedores entraron en una cueva en los Pirineos en junio de 2007 buscando una aventura y validar una leyenda local y que de alguna manera, de una forma que aún no podemos entender completamente, esa cueva cambió su destino de maneras que nadie podría haber anticipado. Mel, el pastor que encontró las mochilas, ahora tiene 71 años.

 Todavía sube a los Pirineos cada verano con su rebaño, aunque evita cuidadosamente la fona alrededor de la cueva. Cuando se le pregunta sobre aquel día de agosto de 2021, simplemente niega con la cabeza. Hay cosas en estas montañas que no podemos explicar, dice. Mis abuelos lo sabían, los pastores viejos lo sabían.

 Por algo las leyendas se transmiten de generación en generación, no porque sean solo historias, sino porque contienen verdades que no sabemos cómo entender. Ramón, el antiguo guardián del refugio, que fue el último en ver a los tres estudiantes con vida en 2007, falleció en 2019, pero antes de morir dio una entrevista donde habló sobre aquella última noche que los tres jóvenes pasaron en el refugio.

 Les advertí, recordó Ramón, les dije que esa fona era extraña, pero eran jóvenes y los jóvenes siempre creen que las advertencias de los viejos son supersticiones sin fundamento. Mark me dijo que no se podía detener el progreso científico por miedo a leyendas. Le respondí que hay leyendas que son leyendas por una buena razón, porque nadie que fue a verificarlas volvió para contar la verdad.

La última persona conocida que habló con alguien relacionado con el caso fue una periodista que en 2023 entrevistó a un anciano de 92 años en el pueblo de Venazque. El anciano, cuyo nombre no fue revelado, afirmó haber conocido a personas que desaparecieron en esa zona en décadas anteriores.

 No están muertos, dijo el anciano con certeza sorprendente. Están en otra parte. La montaña tiene puertas. siempre las ha tenido. Algunas personas las encuentran sin buscarlas, otras las buscan toda su vida y nunca las ven. Esos tres jóvenes la encontraron y eligieron cruzarla. Eso es todo lo que hay que saber.

 Cuando la periodista le preguntó cómo podía estar tan seguro, el anciano respondió, “Porque yo estuve a punto de cruzarla una vez hace 70 años. Vi la luz en la cueva, escuché las voces, pero tuve miedo y salí corriendo. A veces me pregunto que habría sido de mi vida si hubiera tenido el coraje de entrar. ¿Estaría muerto? ¿Estaría en algún otro lugar? Nunca lo sabré. Pero esos tres, ellos tuvieron el coraje.

El caso de Mark Bilalta, Laura Estéf y Jordi más nos recuerda que a pesar de toda nuestra tecnología, nuestro conocimiento científico y nuestros métodos de investigación sofisticados, todavía hay misterios que desafían explicación. Todavía hay lugares en nuestro mundo donde las reglas que damos por sentadas parecen no aplicarse.

 Y nos recuerda también que cada persona desaparecida deja detrás no solo un expediente policial, sino familias destrofadas, vidas interrumpidas y preguntas que pueden nunca ser respondidas. Teresa Vilalta todavía sube cada verano al refugio de estos. Se sienta en el mismo lugar donde se sentó Mark la última noche antes de su desaparición.

 Mira hacia las montañas donde en algún lugar de alguna forma su hijo desapareció del mundo que ella conoce. Sigo buscando respuestas, dice, “pero he aprendido que quizás las respuestas no son lo que realmente necesito. Quizás lo que necesito es aceptar que hay cosas que nunca entenderé y que Mark, donde quiera que esté, tomó una decisión. No fue víctima de un accidente, no fue asesinado, de alguna manera eligió.

 Y tengo que respetar esa elección, incluso si nunca la comprendo completamente. Si esta historia te ha impactado, te invitamos a suscribirte a nuestro canal para más casos reales de personas desaparecidas y misterios sin resolver. Comparte en los comentarios tu opinión sobre qué crees que realmente pasó con Mark, Laura y Jordi.

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