Entró a una Tienda en 1909 – Cuando Salió, Habían Pasado 102 Años y Estaba en Otro País

Eslovaquia, 2011. Un hombre aparece de la nada en una calle de Bratislava. Está vestido como si hubiera salido de 1909. Grita desesperado que todo es una maldición y en su mano sostiene un antiguo reloj de oro. La policía lo detiene, pero dos días después desaparece misteriosamente del hospital sin dejar rastro.

 El hombre dijo que su nombre era George y todo comenzó más de un siglo antes. En 1909, en Londres, la ciudad victoriana estaba en plena transformación hacia la era eduardiana, pero los barrios pobres de la capital británica seguían siendo lugares oscuros, peligrosos y llenos de desesperación.

 George Arthur Harris era un hombre de 29 años que vivía exactamente en ese tipo de lugar. White Chapel. El distrito de East Ten de Londres, conocido por su pobreza extrema, sus callejones peligrosos y su reputación como refugio de criminales y estafadores apenas dos décadas antes, ya que el destripador había aterrorizado estas mismas calles.

 George no era un asesino, pero tampoco era un ciudadano honesto. era lo que en esa época se llamaba un confidence man, un estafador, un timador que sobrevivía engañando a comerciantes, turistas incautos y cualquiera que fuera lo suficientemente ingenuo para creerle. Vestía con ropa que alguna vez había sido respetable, pero que ahora mostraba años de uso y pobreza.

 un traje marrón oscuro desgastado en los codos, una camisa blanca que ya no era tan blanca, un chaleco con algunos botones faltantes y zapatos de cuero agrietados que habían sido remendados más veces de las que podía contar. George estaba a punto de encontrar algo que cambiaría su vida para siempre, un objeto que lo arrastraría más de un siglo en el futuro y lo dejaría atrapado entre dos mundos.

 Una fría mañana de marzo, George caminaba por uno de los muchos callejones sin nombre de White Chapel, buscando oportunidades para su próximo engaño. Necesitaba dinero desesperadamente. No había comido bien en días. Debía tres semanas de renta en la casa de huéspedes donde se alojaba y el invierno londinense no perdonaba a los pobres. Fue entonces cuando vio algo que lo detuvo en seco.

 En el suelo de un callejón particularmente estrecho y oscuro había una marca extraña, un círculo perfecto de aproximadamente 1 metro de diámetro donde el pavimento de piedra parecía estar quemado. No era ollín común de carbón o leña. Era como si algo extremadamente caliente hubiera tocado el suelo y dejado una marca negra y brillante.

Y en el centro exacto de ese círculo quemado, brillando débilmente bajo la escasa luz que penetraba el callejón, había un reloj de bolsillo de oro. George miró a su alrededor rápidamente. Era temprano en la mañana y el callejón estaba completamente vacío. Su mente de estafador inmediatamente calculó el valor.

 Un reloj de oro podía alimentarlo por semanas, tal vez meses si encontraba el comprador correcto. Se acercó cautelosamente, casi esperando que fuera una trampa o una ilusión. Pero el reloj era real. Lo recogió con manos temblorosas. Era pesado, sólido, definitivamente oro auténtico.

 El cristal frontal estaba intacto, mostrando una esfera con números romanos y agujas ornamentadas que habían dejado de marcar el tiempo en las 347. Le dio la vuelta al reloj y vio algo grabado en la tapa posterior en letras elegantes. Tempus Dax Rerum. George no sabía latín, pero las palabras sonaban importantes. Tal vez aumentarían el valor del reloj.

 Lo guardó rápidamente en el bolsillo de su chaleco y salió del callejón casi corriendo, su corazón latiendo con una mezcla de excitación y miedo irracional de que alguien apareciera para reclamarlo. George conocía bien White Chapel. Había docenas de tiendas de empeño y antigüedades en el distrito, lugares donde no se hacían demasiadas preguntas sobre la procedencia de los objetos.

 Era el mercado perfecto para objetos robados encontrados o de dudosa legitimidad, eligió una tienda que conocía de vista, pero donde nunca había hecho negocios. Una pequeña tienda de antigüedades y empeño en una calle lateral cerca de White Chapel Road. El escaparate estaba repleto de objetos diversos, relojes viejos, joyas, cubiertos de plata, libros antiguos, todo el tipo de cosas que la gente desesperada vendía para sobrevivir.

 Una campana sobre la puerta sonó cuando George entró. El interior era oscuro y estrecho, con estantes que llegaban hasta el techo repletos de objetos polvorientos. El aire olía a metal viejo, cuero y humedad. Detrás del mostrador había un hombre mayor, probablemente de unos 60 años, con anteojos pequeños y una expresión que sugería que había visto todos los trucos posibles de estafadores como George.

“Buenos días”, dijo George tratando de sonar respetable. “Tengo un reloj de oro para vender. Es una pieza fina.” George pensó que estaba haciendo un negocio simple. No tenía idea de que al salir de esa tienda, todo su mundo cambiaría de maneras que su mente no podía comprender. El comerciante extendió la mano sin decir palabra.

 George sacó el reloj de su bolsillo y lo colocó en el mostrador. El hombre lo examinó con lupa, verificó el peso, inspeccionó el mecanismo a través del cristal y finalmente le dio la vuelta para leer la inscripción en latín. Tempus Edax Rerum, murmuró el comerciante. El tiempo devora todas las cosas. Una inscripción curiosa.

 Entonces, ¿tiene valor? Preguntó George ansiosamente. El comerciante lo miró por encima de sus anteojos. Es oro, sí, pero el mecanismo está roto. Ha estado detenido por quién sabe cuánto tiempo. Le puedo ofrecer 2 libras. 2 libras. George casi gritó. Este reloj vale al menos 10. Mire el oro, la artesanía. 2 libras es mi oferta final”, respondió el comerciante sin emoción.

 O lo toma o lo deja. George sintió la ira subir por su garganta. Había esperado al menos cinco o 6 libras, suficiente para resolver sus problemas por un buen tiempo. 2 libras era un insulto. Me lo quedo dijo bruscamente arrebatando el reloj del mostrador y guardándolo de nuevo en su bolsillo. Encontraré a alguien que reconozca su verdadero valor.

 El comerciante se encogió de hombros con indiferencia. Como guste. George salió de la tienda furioso, la campana sonando agresivamente cuando cerró la puerta de golpe. Tenía el reloj de nuevo en su bolsillo, pero ningún dinero. Necesitaba encontrar otro comprador. Uno que fuera menos tacaño. Comenzó a caminar por la acera, apenas prestando atención a donde iba, su mente ocupada calculando a qué otra tienda podría intentar vender el reloj y entonces sintió algo extraño.

 Aire frente a George pareció ondularse, como cuando se ve el calor distorsionar el aire sobre el pavimento en un día de verano, pero más pronunciado, más tangible, se detuvo abruptamente parpadeando, pensando que tal vez su hambre estaba causándole mareos, pero la distorsión no desapareció. De hecho, se intensificó. Era como si estuviera mirando a través de una burbuja invisible, una membrana translúcida que distorsionaba todo lo que había más allá y esa burbuja estaba directamente en su camino. Bloqueando la acera. George extendió una mano vacilante para tocarla

y en el momento en que sus dedos hicieron contacto con esa extraña superficie, sintió una oleada de sensaciones que nunca había experimentado. Un mareo intenso que hizo que sus rodillas se debilitaran, un sabor metálico que inundó su boca como si hubiera lamido una moneda de cobre, un escalofrío que recorrió todo su cuerpo de arriba a abajo, haciéndolo temblar violentamente por un segundo.

 En ese momento, George Arthur Harris cruzó un umbral que no debería existir y cuando dio ese paso, dejó atrás no solo su calle, sino todo su mundo. George cerró los ojos por reflejo ante las sensaciones abrumadoras. Escuchó un sonido extraño, como el estallido de una burbuja gigante, seguido de un silencio absoluto y antinatural.

Cuando abrió los ojos, lo primero que notó fue que el sonido de Londres había desaparecido. No había cascos de caballos, no había vendedores ambulantes gritando, no había el ruido constante de una ciudad ocupada. En su lugar había un rugido mecánico constante que nunca había escuchado antes.

 Lo segundo que notó fue que la calle se veía completamente diferente. Los edificios tenían formas extrañas. Había luces brillantes de colores que no podía explicar y las calles estaban llenas de máquinas, máquinas metálicas enormes que se movían rápidamente haciendo ruidos aterradores y la gente, oh, Dios, la gente, todos vestían ropa extrañísima, las mujeres mostraban las piernas, los hombres no llevaban sombreros y todos caminaban como si esas máquinas monstruosas fueran completamente normales. George sintió que el mundo giraba a su alrededor, sus piernas se

tambalearon y tuvo que apoyarse contra una pared para no caerse. Su respiración se aceleró entrando en pánico. “¿Dónde estoy?”, murmuró su voz temblando. “¿Qué es este lugar?” Era el 29 de junio de 2011, aproximadamente las 4 de la tarde, en un distrito comercial de Bratislava, Eslovaquia, las calles estaban moderadamente concurridas con personas que terminaban su jornada laboral o hacían compras de último momento.

 Y en medio de todo eso apareció George Arthur Harris, un estafador de Londres de 1909, vestido con un traje eduardiano desgastado, mirando con horror absoluto el mundo del siglo XXI. Una mujer joven que caminaba cerca notó al hombre extraño apoyado contra la pared.

 Visiblemente angustiado, redujo su paso, preocupada de que pudiera estar teniendo algún tipo de ataque médico. Preguntó en eslovaco si se encontraba bien, pero al ver que el hombre no reaccionaba, intentó en inglés. Señor, ¿se encuentra bien? George giró bruscamente hacia ella, agarrándola por el brazo con desesperación. La mujer se asustó, pero no se alejó inmediatamente.

 El hombre respondió en inglés con un acento extrañamente anticuado que la mujer apenas podía entender. Por favor, por favor, ¿dónde estoy? ¿Qué son esas esas bestias de metal que se mueven? ¿Qué es este lugar? La mujer estaba confundida por las palabras extrañas del hombre, pero lo que estaba a punto de presenciar la convencería de que algo verdaderamente imposible estaba ocurriendo.

 Está en Bratislava, Eslovaquia, respondió la mujer tratando de mantener la calma. Esos son autos. Está perdido. Necesita ayuda. Pratislava, Eslovaquia. George la miró como si hubiera hablado en otro idioma. Yo estaba en Londres, en White Chapel. Acabo de salir de una casa de empeño esta mañana.

 ¿Cómo llegué aquí? Más personas comenzaron a detenerse formando un pequeño círculo alrededor de George y la mujer. Algunos sacaban sus teléfonos móviles para grabar, otros simplemente observaban con curiosidad la escena extraña. George vio los teléfonos y retrocedió aterrorizado. ¿Qué son esos aparatos? Es brujería. Estoy en el infierno.

 Un hombre mayor que había estado observando se acercó. Había estudiado historia y reconoció el estilo de ropa que George llevaba. Esa ropa es de principios de 1900, murmuró al grupo. Miren el corte del traje, el patrón de desgaste. Eso no es un disfraz, es auténtico. George comenzó a caminar en círculos, cada vez más agitado. Esto no es real.

 No puede ser real. ¿Dónde están los caballos? ¿Dónde están las lámparas de gas? ¿En qué año estamos? 2011, respondió alguien del grupo. Es 29 de junio de 2011. La reacción de George fue inmediata y dramática. Se llevó las manos a la cabeza tirando de su propio cabello. No, no, eso es imposible. Yo estaba en 1909 esta mañana. Encontré un reloj.

 Intenté venderlo y luego y luego metió la mano en su bolsillo de chaleco y sacó el reloj de oro, sosteniéndolo en alto para que todos lo vieran. Esto, esta cosa  lo encontré en un callejón junto a un círculo quemado en el suelo. Debía haberlo dejado ahí. Está maldito. Es una maldición. Mientras más gente se reunía, George se volvía más histérico.

 Comenzó a gritar, mostrando el reloj a cualquiera que escuchara, insistiendo en que era una maldición, que lo había traído a este lugar imposible. Entré a una tienda, una casa de empeño en White Chapel. El hombre me ofreció 2 libras por este reloj y yo dije que no. Salí por la puerta y entonces algo extraño pasó, como caminar a través de una burbuja de jabón. Y ahora estoy aquí.

 En esta pesadilla, algunas personas en la multitud comenzaron a llamar a la policía preocupadas de que el hombre estuviera teniendo un episodio psicótico. Otros seguían grabando con sus teléfonos, ya compartiendo los videos en redes sociales con títulos como Loco en el centro de Bratislava y hombre cree que es de 1909.

 George estaba perdiendo el control y en su desesperación por encontrar una salida, estaba a punto de cometer un error que cambiaría todo el curso de esta historia. George comenzó a correr por la calle, mirando frenéticamente cada edificio, cada tienda, buscando algo familiar, algo que le dijera que esto era solo una pesadilla de la que podía despertar.

 ¿Dónde está la tienda? ¿Dónde está la puerta por la que entré? Necesito encontrarla. Necesito regresar. corrió hacia un callejón pensando tal vez que era el mismo por el que había salido, pero no había nada allí, excepto contenedores de basura modernos y graffiti en las paredes. Salió corriendo de nuevo a la calle principal, ahora completamente aterrorizado. Los autos pasaban a velocidades que para él eran incomprensibles.

El ruido de motores, bocinas, música de tiendas cercanas, todo se combinaba en una cacofonía que su mente de 1909 no podía procesar. “Esto es el infierno”, gritaba. He sido enviado al infierno por mis pecados, por toda la gente que engañé, por todas mis mentiras.

 Comenzó a golpear las paredes de los edificios con sus puños, como si pudiera romper la ilusión y volver a su Londres familiar. Sus nudillos comenzaron a sangrar, pero no parecía notarlo. Fue entonces cuando sucedió lo inevitable. En su estado de pánico absoluto, George corrió hacia la calle sin mirar, tratando de llegar al otro lado donde había visto otro callejón que quería investigar. No vio el autobús que venía.

 El conductor tocó la bocina desesperadamente y pisó los frenos, pero George estaba directamente en su camino. El impacto fue brutal. George fue golpeado por el frente del autobús y arrojado varios metros por el aire antes de caer pesadamente sobre el pavimento. El sonido del impacto hizo que todos los presentes gritaran y corrieran hacia el lugar del accidente. El autobús se detuvo completamente unos metros más adelante.

 El conductor, un hombre de mediana edad visiblemente en shock, bajó corriendo para ver qué había pasado. George estaba inconsciente en el suelo, sangrando de una herida en la cabeza. Su brazo izquierdo estaba doblado en un ángulo antinatural, claramente fracturado. Su respiración era superficial, pero constante.

 En el bolsillo del chaleco de George, el reloj de oro aún marcaba las 3:47, exactamente la misma hora que cuando lo encontró, como si el tiempo mismo se hubiera detenido en ese objeto maldito. Alguien llamó inmediatamente a una ambulancia. En cuestión de minutos, los paramédicos llegaron y comenzaron a atender a George.

 Verificaron sus signos vitales, inmovilizaron su brazo fracturado y lo prepararon para el traslado al hospital. Uno de los paramédicos revisó los bolsillos de George buscando identificación. Encontró el reloj de oro, pero no había billetera, no había documentos de identidad, no había nada que indicara quién era este hombre. No tiene identificación. informó al otro paramédico. Y miren esta ropa, es como si viniera de un museo.

 Durante el traslado al Hospital Universitario de Bratislava, George permaneció inconsciente. Los doctores que lo recibieron en emergencias notaron inmediatamente varias cosas extrañas. Su ropa era auténticamente antigua, hecha con técnicas de confección que no se habían usado en décadas. La tela estaba desgastada, pero era de calidad.

 Y los patrones de costura eran definitivamente de principios del siglo XX. Su higiene dental era consistente con alguien de una época prefluoración del agua. Varios dientes mostraban deterioro avanzado típico de la era eduardiana. Y lo más extraño, cuando le hicieron análisis de sangre preliminares, no encontraron ningún rastro de los contaminantes ambientales modernos que todos los humanos del siglo XXI llevan en sus sistemas debido a la polución, plásticos y químicos industriales.

La policía de Bratislava llegó al hospital esa misma noche para investigar el accidente. Los oficiales Peter Novak yijana Kobachová se hicieron cargo del caso. “Necesitamos identificar a este hombre”, dijo el oficial Novac al personal del hospital. “¿Ha recuperado la conciencia?” “No, respondió la doctora a cargo. Tiene una conmoción cerebral severa y fractura en el brazo izquierdo.

 Lo hemos sedado para evitar que se agite si despierta desorientado. ¿Encontraron alguna identificación? Solo esto. La Dra. mostró el reloj de oro en una bolsa de evidencia. Es un reloj de bolsillo antiguo, muy antiguo. De hecho, nuestro análisis preliminar sugiere que es de aproximadamente 1900.

 El oficial Novac examinó el reloj a través de la bolsa plástica. Tempusedax Rerum leyó la inscripción en latín. El tiempo devora todas las cosas. Qué apropiado. Los oficiales no sabían que estaban a punto de enfrentarse a un caso que desafiaría todo lo que creían saber sobre la realidad, porque este hombre no era quien esperaban.

 Los oficiales comenzaron a revisar un video que un testigo había grabado mostrando a George gritando sobre ser de 1909, mostrando el reloj, hablando sobre una tienda en White Chapel. Miren cómo habla, señaló la oficial Kobachova. Su inglés es extremadamente arcaico y ese acento es Cockni de Londres, pero de una forma que no he escuchado, excepto en películas muy antiguas, decidieron consultar con un experto en textiles históricos de la Universidad Comenius.

La profesora Elena Jorbatova llegó al hospital esa noche y examinó meticulosamente la ropa de George. “Esto es extraordinario”, murmuró mientras inspeccionaba las costuras con una lupa. La técnica de confección, el tipo de hilo, el patrón del tejido. Todo corresponde exactamente a ropa londinense de clase trabajadora de aproximadamente 1905 a 1910.

 “¿Podría ser un traje de época bien conservado?”, preguntó Novak. Podría, admitió la profesora. Pero el desgaste es auténtico. Miren los codos, las rodillas, el cuello. Este desgaste es producto de años de uso real, no puede ser replicado artificialmente y el polvo acumulado en las fibras.

 Necesitaría hacer análisis más detallados, pero mi instinto me dice que esta ropa realmente tiene más de 100 años. Los oficiales también intentaron tomar las huellas dactilares de George para compararlas con bases de datos internacionales. Los resultados fueron negativos. No había coincidencias en ningún sistema. Contactaron con Interpol y con la policía británica, preguntando si había algún reporte de personas desaparecidas que coincidiera con la descripción de George. No había nada reciente.

 George fue trasladado a una habitación compartida del hospital para observación continua. Su compañero de cuarto era un hombre de 58 años llamado Milan Sabó, quien se estaba recuperando de una cirugía de vesícula Milán. Había escuchado rumores entre el personal del hospital sobre el hombre misterioso, que había aparecido vestido como de 1909 y que afirmaba haber viajado en el tiempo.

Como muchos pacientes aburridos, Milan estaba intrigado por el drama. La noche del 29 de junio, Milan observó cuando trajeron a George inconsciente y lo colocaron en la cama junto a la ventana. Los doctores verificaron sus monitores, ajustaron su medicación y se aseguraron de que estuviera estable antes de irse. El 30 de junio pasó sin incidentes.

George permaneció inconsciente todo el día, su brazo enyesado en un cabestrillo, su cabeza vendada donde había sufrido la laceración. Milan no sabía que estaba a punto de convertirse en testigo de algo que lo perseguiría por el resto de su vida. Porque lo que pasaría esa noche desafiaría toda explicación lógica.

 La mañana del 1 de julio, Milan se despertó alrededor de las 7:30 a con una sensación extraña. Algo olía raro, un olor como a quemado. No era humo de fuego exactamente, sino algo más sutil, como el olor que queda en el aire después de un relámpago. Se incorporó en su cama confundido y miró hacia donde debería estar su compañero de cuarto.

 La cama estaba vacía. Milan parpadeó. pensando que tal vez los doctores habían venido temprano y se habían llevado a George para más exámenes, pero la cama estaba perfectamente hecha, como si nadie hubiera dormido en ella. Y lo más extraño, no había ningún equipo médico, los monitores, las líneas intravenosas, todo había desaparecido.

 Milan presionó el botón para llamar a la enfermera. Cuando llegó, le preguntó sobre su compañero de cuarto. El hombre que estaba ahí. Milan señaló la cama vacía. Se lo llevaron para cirugía. La enfermera, una mujer joven llamada Lucia, miró la cama con confusión. ¿De qué hombre habla? ¿Usted ha estado solo en esta habitación toda la noche? No, no, insistió Milan.

 El hombre con el brazo roto y la cabeza vendada. Llegó hace dos días. Estaba inconsciente. Lucó su tableta con los registros del hospital. Su expresión cambió de confusión a alarma. Señor Sabó, según nuestros registros, efectivamente había un paciente en esa cama. Pero esto es muy extraño.

 No hay ninguna nota de traslado, ninguna orden de alta, nada que explique por qué se fue. A las 8 de la mañana, el hospital entero estaba en estado de emergencia. Un paciente había desaparecido sin explicación y nadie sabía cómo ni cuándo. El oficial Novak fue llamado inmediatamente, llegó al hospital una hora después y comenzó a investigar cómo es posible que un paciente inconsciente con un brazo fracturado y una conmoción cerebral simplemente desaparezca, preguntó a la administración del hospital.

 No lo sabemos, respondió el director del hospital, el Dr. Tomás Shorak. Hemos revisado todas las cámaras de seguridad del piso. No hay ningún registro de él levantándose de la cama, caminando por el pasillo o saliendo del edificio. ¿Cómo es eso posible? Hay cámaras en cada extremo del pasillo.

 Para salir de esta habitación, habría tenido que pasar frente a al menos una de ellas, pero no hay nada. Es como si simplemente se evaporó. Las cámaras no mostraban nada. Los guardias no vieron nada y sin embargo George había desaparecido, pero la historia más perturbadora aún estaba por venir. Novak entrevistó a Milan Sabó extensivamente.

 Usted dice que olió algo quemado cuando despertó. Sí, confirmó Milan. como electricidad quemada o como el aire después de una tormenta eléctrica. Y la cama estaba perfectamente hecha, como si él nunca hubiera estado ahí. Lo vio moverse durante la noche, algún sonido, nada.

 Tomé mi medicación para dormir a las 10 pm y dormí profundamente hasta que me desperté con ese olor. Fue entonces cuando vi que se había ido. Novak revisó los registros médicos de George. Todo estaba documentado. La admisión, los rayos X mostrando la fractura del brazo, los escáneres cerebrales mostrando la conmoción, pero ahora el paciente simplemente no estaba.

 Y lo más extraño, cuando revisaron el cajón donde habían guardado las pertenencias de George, todo había desaparecido. La ropa eduardiana, el reloj de oro con la inscripción en latín, todo se había ido. Es como si nunca hubiera estado aquí, murmuró la oficial Kobachova. Excepto que tenemos docenas de videos de él en las calles, tenemos registros médicos, tenemos testigos.

 Sabemos que era real. Esa misma tarde del 1 de julio, alrededor de las 3 de la tarde, la policía recibió varias llamadas de testigos reportando haber visto al hombre del tiempo de nuevo. Una de las testigos era Catarina Balázova, la misma mujer que había intentado ayudar a George el 29 de junio cuando apareció por primera vez.

 “Oficial, lo vi de nuevo”, dijo Catarina por teléfono. Estaba en el mismo lugar donde apareció hace dos días. caminaba rápido, mirando a su alrededor como si buscara algo. ¿Estás segura de que era el mismo hombre? Completamente segura. Llevaba la misma ropa exacta, ese traje marrón viejo, el chaleco, todo. Pero aquí está lo extraño.

 Cuando lo vi el miércoles, estaba completamente histérico. Hoy parecía determinado, como si supiera exactamente lo que estaba buscando. Catarina estaba a punto de presenciar algo que haría que todo este caso se volviera aún más imposible, porque George no solo había regresado, había regresado sin las heridas que debería tener.

 “¿Notó si llevaba algún yeso en el brazo?”, preguntó el oficial Novak. Catarina pensó por un momento. “No, no.” Su brazo se veía completamente normal. Ambos brazos funcionaban bien y no vi ninguna venda en su cabeza. Otros testigos confirmaron lo mismo. Un comerciante que tenía su tienda cerca del lugar donde George había aparecido originalmente lo vio caminar rápidamente por la acera.

 “Lo reconocí inmediatamente por la ropa”, dijo el comerciante. Pensé que tal vez era un actor que estaba haciendo publicidad para algo, pero se veía diferente, como más seguro de sí mismo, y definitivamente no tenía ninguna herida visible. El testigo más importante fue un estudiante universitario llamado Martin Cuchera, quien había grabado el video más largo de George el 29 de junio.

 Martin estaba en el mismo lugar cuando George reapareció. “Saqué mi teléfono para grabarlo de nuevo”, explicó Martin a la policía. Pero él me vio y pareció reconocerme. Nos miramos directamente a los ojos por un segundo y juro que vi algo en su expresión. ¿Cómo? miedo, pero también determinación.

 ¿Qué hizo después? Giró en la esquina hacia el callejón que está junto al edificio viejo de Correos. Lo seguí, pero cuando doblé la esquina apenas 5 segundos después, había desaparecido. El callejón es corto. Puedes ver de un extremo al otro. No había forma de que hubiera llegado al otro lado tan rápido, simplemente no estaba.

 El caso de George Arthur Harris quedó oficialmente archivado como sin resolver por las autoridades eslovacas. El hombre había desaparecido del hospital sin dejar rastro y aparentemente había sido visto brevemente el mismo día de su desaparición antes de esfumarse de nuevo. La explicación oficial fue que probablemente era un artista callejero o activista que estaba haciendo algún tipo de performance, posiblemente protestando contra algo relacionado con inmigración o derechos laborales. El accidente con el autobús fue real, pero de alguna manera el hombre logró escapar del

hospital y continuar con su protesta antes de finalmente irse de la ciudad. Pero las personas que lo vieron, que hablaron con él, que sintieron su terror genuino, no podían aceptar esa explicación. Ese hombre no estaba actuando”, insistió Catarina en entrevistas posteriores. El miedo en sus ojos era real, la confusión era real y su ropa no era un disfraz, era auténtica. La historia debería haber terminado ahí.

 Pero en 2013, 2 años después, comenzaron a circular rumores sobre el reloj y esos rumores sugerían que el misterio estaba lejos de terminar. En 2013 comenzó a circular una historia local sobre un hombre llamado Víctor Blek, que afirmaba haber encontrado un reloj de oro antiguo cerca del mismo lugar donde George había aparecido y desaparecido.

 Víctor era un trabajador de construcción de 35 años que vivía en Bratislava. Según le contó a varios amigos, encontró el reloj mientras caminaba a Casa del Trabajo una noche de octubre de 2013. Estaba ahí en medio de la acera, les dijo, un reloj de bolsillo de oro. Lo recogí y vi que tenía una inscripción en latín. Tempus Edax Rum.

Los amigos que conocían la historia del hombre del tiempo inmediatamente le advirtieron que lo dejara donde lo encontró, que era el reloj maldito del que hablaban las leyendas. Pero Víctor se rió de sus advertencias. No creo en maldiciones. Es un reloj valioso y lo voy a vender. Una semana después, Víctor no se presentó a trabajar.

 Sus compañeros fueron a su apartamento y encontraron la puerta sin llave, el apartamento vacío y ninguna señal de Víctor. Su casero reportó que Víctor había dejado una nota diciendo que se mudaba a otra ciudad para un nuevo trabajo y que no se preocuparan por él. El alquiler del mes siguiente estaba pagado y Víctor había dejado algunos muebles, pero se había llevado todas sus pertenencias personales.

 Sus amigos lo buscaron, pero nunca lo encontraron. No respondía llamadas. Sus cuentas de redes sociales fueron eliminadas y simplemente pareció desaparecer de la existencia. La explicación oficial era que Víctor simplemente se había mudado para empezar una nueva vida en otro lugar, algo que la gente hace todo el tiempo.

 Pero quienes conocían la historia completa no podían evitar preguntarse, ¿realmente Víctor se había mudado o el reloj lo había llevado a algún otro lugar o tiempo? El caso de George Arthur Harris se ha convertido en una de las leyendas urbanas más persistentes de Bratislava.

 A diferencia de muchas historias similares que eventualmente se desvanecen de la memoria pública, esta ha seguido creciendo y evolucionando. Los hechos documentados son innegables. Un hombre apareció en las calles de Bratislava el 29 de junio de 2011, vestido con ropa auténticamente eduardiana, hablando un inglés arcaico y afirmando ser de 1909. Fue atropelado por un autobús en presencia de docenas de testigos.

 fue tratado en un hospital real y luego desapareció sin dejar rastro, solo para ser visto brevemente el mismo día de su desaparición, aparentemente sin las heridas que debería tener. Los análisis de su ropa confirmaron que era auténticamente antigua. Su forma de hablar, su total desconocimiento de tecnología básica del siglo XXI, su referencia específica a ubicaciones de Londres que existían en 1909. Todo apuntaba a alguien genuinamente fuera de su tiempo.

 Y luego estaba el reloj, el reloj de oro con la inscripción en latín. Tempu Sedax Rum. El tiempo devora todas las cosas. Un objeto que George afirmó haber encontrado junto a un círculo quemado en un callejón de White Chapel en 1909. Los investigadores trataron de encontrar registros históricos de un George Arthur Harris en Londres de 1909.

Los archivos de esa época son incompletos, especialmente para personas de clase baja, como estafadores y timadores que vivían en los márgenes de la sociedad. No encontraron confirmación definitiva, pero tampoco encontraron evidencia que contradijera su historia. ¿Qué le pasó realmente a George Arthur Harris? Era un viajero del tiempo atrapado en el siglo XXI o simplemente un actor muy comprometido con su papel que llevó su performance hasta consecuencias trágicas.

 Y el reloj, ¿qué era ese objeto? ¿Un simple reloj antiguo que George usó como accesorio para su historia? ¿O algo más? Un objeto con propiedades que no entendemos, capaz de mover a las personas a través del tiempo. La historia de Víctor Blek en 2013 sugiere que tal vez el reloj sigue ahí fuera esperando a ser encontrado de nuevo y cada vez que alguien lo encuentra, el ciclo comienza otra vez.

Tal vez el tiempo no es tan lineal como creemos. Tal vez existen objetos, lugares o momentos donde las reglas normales no se aplican, donde alguien puede dar un paso en 199 y aparecer en 2011, donde un hombre puede desaparecer de un hospital sin pasar por las puertas.

 Y si George finalmente encontró su camino de regreso a 1909, regresó a su Londres, a su White Chapel, solo para descubrir que nadie lo había extrañado porque para ellos solo habían pasado unos minutos. La próxima vez que encuentres algo valioso en la calle, algo que parece demasiado bueno para ser verdad, tal vez deberías preguntarte por qué nadie más lo ha recogido y qué precio podría tener llevártelo, porque algunas cosas que encontramos no están perdidas por accidente.

 Están esperando al siguiente viajero. [Música]