El sol de octubre golpeaba con fuerza sobre los campos de maíz en las afueras de Hatchingson, Kansas. Era el 15 de octubre de 2004 y el agricultor Tom Hendrick conducía a su cosechador a John Deere a través de las hileras interminables de tallos secos. Llevaba más de 30 años trabajando esa tierra y conocía cada rincón de sus campos como la palma de su mano.

Eran casi las 3 de la tarde cuando algo extraño llamó su atención. En la sección norte del campo, donde el maíz crecía más denso, vio dos figuras verticales que no deberían estar ahí. Al principio pensó que eran espantapájaros que su hijo había colocado sin avisarle, pero algo en la forma en que se movían ligeramente con el viento le hizo detener la máquina.

Tom bajó de la cosechadora y caminó hacia las figuras. A medida que se acercaba, su estómago comenzó a contraerse. No eran espantapájaros, eran personas. Dos chicas jóvenes atadas a postes de madera clavados en la tierra. sus brazos extendidos como cruces. ¡Dios mío! Tom gritó corriendo hacia ellas. Ambas chicas tenían venda sobre los ojos y cinta adhesiva sobre la boca.

Sus ropas estaban sucias y rasgadas. Una de ellas tenía cabello rubio largo enredado con hojas secas de maíz. La otra cabello castaño corto y rostro cubierto de lágrimas secas. Toma arrancó la cinta de la boca de la chica rubia primero. Ella jadeó desesperadamente tosiendo. Por favor, ayúdenos, por favor.

Él va a volver. Tranquila, tranquila, Tom, dijo sus manos temblando mientras intentaba desatar las cuerdas que la sostenían al poste. Ya están a salvo. Voy a sacarlas de aquí. Mientras trabajaba en los nudos, la chica rubia comenzó a sollozar incontrolablemente. Llevamos aquí toda la noche. Creímos que íbamos a morir, que nadie nos encontraría.

Tom finalmente logró liberar sus manos. La chica se desplomó contra él, sus piernas demasiado débiles para sostenerla. Rápidamente pasó a la segunda chica quitándole la cinta de la boca con más cuidado. ¿Cómo se llaman? Tom, preguntó mientras trabajaba en las cuerdas de la segunda chica. Jessica”, dijo la rubia. Jessica Hartman.

Ella es Amy. Amy Chen. Tom se congeló por un momento. Esos nombres le resultaban familiares, muy familiares. “Ustedes son las chicas desaparecidas, las de hace 14 años.” Jessica asintió débilmente. Desde 1990 teníamos 13 años. Tom sintió que sus rodillas casi cedían. Todo Kansas conocía ese caso.

Dos niñas de 13 años que habían desaparecido sin dejar rastro después de salir de la escuela un viernes por la tarde. Habían buscado durante meses. El caso eventualmente se había enfriado, pero las familias nunca habían dejado de buscar. “Emiy, ¿puedes caminar?”, Tom preguntó después de liberar sus manos. La chica negó con la cabeza.

Sus ojos todavía cerrados detrás de la venda que Tom acababa de quitar. “Mis piernas no responden”, Amy susurró. Él nos drogó anoche. Nos dio algo en el agua. Tom sacó su teléfono celular del bolsillo. Sus manos temblaban tanto que casi lo deja caer. Marcó el 911. 911. ¿Cuál es su emergencia? Necesito policía y ambulancias en mi propiedad.

Campo Norte, camino rural 47. Encontré a dos chicas atadas en mi maisal. Creo que son Jessica Harman y Amy Chen, las chicas que desaparecieron en 1990. Hubo un silencio del otro lado de la línea. Señor, ¿puede repetir eso? Las chicas desaparecidas. Las encontré. Están vivas, pero necesitan ayuda médica urgente.

Por favor, apúrense. Las unidades están en camino. Quédese en la línea conmigo, señor. Las chicas están conscientes? Sí, ambas están conscientes, asustadas, débiles, pero conscientes. Tom se quitó su camisa de trabajo y la puso sobre los hombros de Jessica, quien temblaba violentamente. Usó su chaqueta para cubrir a Amy.

¿Quién les hizo esto? Tom preguntó suavemente. ¿Quién las tuvo todos estos años? Jessica y Amy intercambiaron miradas. Había miedo en sus ojos, pero también algo más. Determinación. Se llama Robert Cran. Jessica dijo su voz más fuerte ahora, pero todos lo conocen como Bobby. Vivimos en su granja todo este tiempo, a menos de 10 km de donde desaparecimos.

Tom sintió la rabia subir por su garganta. Estuvo aquí cerca todo este tiempo. Amy asintió. nos mantuvo encerradas en un sótano, nos sacó por primera vez anoche, dijo que estaba cansado de nosotras, que éramos demasiado viejas ahora, que iba a reemplazarnos con chicas más jóvenes. Nos ató aquí y dijo que volvería esta mañana temprano.

Jessica continuó, pero nunca regresó. Esperamos y esperamos. Pensamos que tal vez había decidido dejarnos morir aquí. A lo lejos, Tom podía escuchar las sirenas acercándose. Ya vienen, van a estar bien. Les prometo que van a estar bien. Jessica agarró la mano de Tom con fuerza. Tiene que atraparlo. Tiene que detenerlo antes de que encuentre otras chicas.

Habla de eso todo el tiempo, de encontrar nuevas chicas. Lo van a atrapar. Tom prometió. Se losjuro. Tres patrullas policiales llegaron primero levantando nubes de polvo por el camino de tierra. Dos ambulancias las seguían de cerca. Los oficiales saltaron de sus vehículos y corrieron hacia el Maisal siguiendo las indicaciones de Tom.

El sherifff Marcus Web fue el primero en llegar donde estaban las chicas. Era un hombre de 50 años que había trabajado en el departamento del sherifff cuando Jessica y Amy desaparecieron. Había sido uno de los oficiales que buscó en los campos durante semanas. Cuando vio a las dos jóvenes sentadas en el suelo apoyadas contra los postes donde habían estado atadas, sus ojos se llenaron de lágrimas. Dios mío, son ustedes.

Realmente son ustedes. Los paramédicos se apresuraron a evaluar a Jessica y Amy, verificando signos vitales, colocando mantas térmicas sobre ellas, iniciando vías intravenosas. El sheriff web se arrodilló junto a ellas, su radio crepitando constantemente con actualizaciones. Jessica Amy Web, dijo suavemente.

Soy el sherifff web. ¿Me recuerdan? Estuve en su escuela el día que desaparecieron. Di una charla sobre seguridad vial. Jessica entrecerró los ojos estudiando su rostro. El sherifff web. Sí, lo recuerdo. Tenía menos canas. Entonces, Web se rió nerviosamente, secándose los ojos. 14 años hacen eso a una persona. Necesito que me digan todo lo que puedan sobre Robert Crin.

¿Dónde está su propiedad? ¿Cómo es la casa si tiene armas? Tiene muchas armas, Amy dijo su voz ronca. Rifles, escopetas, pistolas. Dice que colecciona armas. Las mantiene en un armario en su habitación. Jessica agregó, “La granja está en el camino Sícamor, cerca del cruce con la ruta 61. Es una casa blanca de dos pisos con un granero rojo grande.

Hay un letrero en la entrada que dice Granja Cran Web. Ya estaba transmitiendo la información por radio. Todas las unidades. Necesito un cordón completo alrededor de la propiedad Cran en Sikamor Road, cerca de la ruta 61. Casa blanca de dos pisos, granero rojo. Sospechoso Robert Cran. Considérenlo armado y extremadamente peligroso. Sherifff.

Jessica dijo urgentemente agarrando su brazo. Tiene que entender algo. Bobby es inteligente, muy inteligente. Ha planeado todo durante años. Tiene escondites preparados, dinero guardado, documentos falsos. Nos lo contó todo. ¿Por qué les contaría eso? Web preguntó. Amy respondió su voz temblando. Porque pensaba que nunca saldríamos vivos de aquí. Anoche nos dijo todo.

Dijo que estaba orgulloso de su trabajo, que había sido el criminal perfecto durante 14 años. Los paramédicos interrumpieron. Sherifff, necesitamos llevarlas al hospital ahora. Están deshidratadas y posiblemente sufren hipotermia. Web asintió. Voy a enviar a la detective Sara Morrison con ustedes. Ella tomará sus declaraciones oficiales en el hospital.

Mientras los paramédicos cargaban a Jessica y Amy en las camillas, Jessica llamó a Web una vez más. Sherifff, una cosa más. Bobby tiene un sótano secreto. No es el sótano normal de la casa, es uno escondido debajo del granero. Ahí es donde nos mantuvo todo este tiempo. ¿Cómo se accede? Web preguntó. Hay una trampilla debajo de una pila de eno en el lado oeste del granero.

La trampilla está hecha de metal, pero está cubierta con madera vieja para que parezca parte del piso. Necesita una llave especial para abrirla. Bobby siempre la lleva en una cadena alrededor de su cuello. Las ambulancias se alejaron con las sirenas aullando. Web se volvió hacia Tom Hendrick, quien había estado observando todo en silencio.

Tom, necesito tu declaración también. Por supuesto, Sheriff. lo que necesite. Mientras Web tomaba notas de la declaración de Tom, más unidades policiales llegaban al campo. El FBI había sido notificado. Un caso de secuestro de menores que había durado 14 años ahora era una prioridad nacional. En el Hospital Regional de Hutchinson, Jessica y Amy fueron llevadas directamente a salas de emergencia separadas.

Equipos médicos las examinaron meticulosamente. Análisis de sangre mostraron sedantes en sus sistemas. Tenían marcas de ligaduras en muñecas y tobillos. evidencia de años de contención. La detective Sara Morrison, una mujer de 42 años con cabello castaño recogido en un moño apretado, llegó al hospital 30 minutos después.

Encontró a Jessica primero, quien había sido trasladada a una habitación privada después del examen inicial. “Hola, Jessica”, Morrison dijo suavemente mostrando su placa. “Soy la detective Morrison. Sé que has pasado por un trauma inimaginable, pero necesito que me cuentes todo lo que puedas recordar. Cada detalle podría ayudarnos a encontrar a Robert Cran.

Jessica estaba sentada en la cama del hospital, una manta sobre sus hombros, una vía intravenosa en su brazo. Se veía exhausta, pero determinada. Haré lo que sea necesario para asegurarme de que lo atrapen. Morrison sacó una grabadora digital. ¿Puedo grabar esto? Jessica asintió. Morrison presionó el botón degrabar.

Este es el 15 de octubre de 2004, 5:47 pm, entrevista con Jessica Hartman. Jessica, por favor, cuéntame lo que recuerdas del día que desapareciste. Jessica cerró los ojos como si estuviera retrocediendo en el tiempo. Era viernes 12 de octubre de 1990. Amy y yo salimos de la escuela juntas como siempre. Tomábamos la misma ruta a casa todos los días.

Caminábamos por Main Street, luego doblábamos en Elm. Habíamos recorrido quizás tres cuadras cuando una camioneta azul se detuvo junto a nosotras. El conductor bajó la ventanilla y preguntó si sabíamos dónde estaba la calle Oak. Le dijimos que estaba dos cuadras más adelante. Jessica abrió los ojos mirando directamente a Morrison. Entonces bajó de la camioneta.

Dijo que tenía un mapa, pero no podía leerlo bien. Nos pidió que lo ayudáramos. Amy y yo nos acercamos. Pensamos que solo estaba siendo amable, que era un adulto que necesitaba ayuda. Su voz se quebró. En cuanto estuvimos lo suficientemente cerca, nos agarró. Era tan fuerte, nos empujó a ambas dentro de la camioneta.

Amy gritó, pero él le tapó la boca. Yo intenté correr, pero me sujetó por el cabello. Nos metió en la parte trasera de la camioneta y cerró las puertas. Estaba oscuro ahí. Olía gasolina y metal. Condujimos durante lo que parecieron horas. Cuando finalmente nos detuvo, estábamos en su granja. Morrison escuchaba con atención mientras Jessica continuaba su relato.

La joven tenía lágrimas corriendo por sus mejillas, pero su voz se mantenía firme. Nos llevó directamente al sótano secreto debajo del granero. Era como una prisión que había construido específicamente para esto. Había dos camas pequeñas, un baño diminuto, estantes con comida enlatada. Había planeado todo. ¿Te dijo su nombre ese primer día? Morrison preguntó. Jessica asintió.

Se presentó como Bobby. Dijo que ahora éramos su familia, que nuestros padres no nos querían, que por eso nos había elegido a nosotras. Intentamos decirle que eso no era verdad, que nuestras familias nos estaban buscando. Él solo se rió. Los primeros meses fueron los peores. Llorábamos todo el tiempo. Rogábamos que nos dejara ir. Bobby nos ignoraba.

Nos traía comida dos veces al día. Nunca nos hablaba, excepto para darnos órdenes. Coman esto, lávense aquí, duerman ahora. Éramos como animales para él. Morrison hizo una pausa en sus notas. Alguna vez trató de escapar. Todo el tiempo al principio, pero el sótano era imposible de escapar. La única salida era la trampilla y Bobby la mantenía cerrada con candado.

Las paredes eran de concreto, no había ventanas. Gritamos hasta quedarnos sin voz, pero nadie nos escuchó nunca. Después de unos se meses, Bobby comenzó a cambiar su comportamiento. Empezó a traernos libros, revistas. Dijo que podíamos tener educación si nos comportábamos. Trajo una televisión vieja con un reproductor de BHS.

Nos dejaba ver películas dos veces por semana. Jessica se limpió las lágrimas. Creo que se dio cuenta de que no podía mantenernos como prisioneras silenciosas para siempre. Necesitaba que cooperáramos. Así que comenzó este extraño proceso de, no sé cómo llamarlo, domesticación. Poco a poco, durante años nos fuimos adaptando, no porque quisiéramos, sino porque era la única forma de sobrevivir.

Bobby estableció reglas. Si la seguíamos, nos trataba mejor, más comida, más privilegios pequeños. Si las rompíamos, nos castigaba. ¿Qué tipo de castigos? Morrison preguntó suavemente. Jessica cerró los ojos nuevamente. Nos dejaba en la oscuridad completa durante días o nos quitaba la comida.

Una vez, cuando Amy intentó atacarlo con un tenedor, nos mantuvo encadenadas a nuestras camas durante dos semanas. Solo nos soltaba para usar el baño. Con el tiempo dejamos de resistirnos tanto, no porque aceptáramos la situación, sino porque aprendimos a conservar nuestra energía, a esperar el momento correcto, a observar sus patrones. a buscar oportunidades.

Morrison se inclinó hacia delante. ¿Y encontraron alguna oportunidad? No durante años. Bobby era demasiado cuidadoso, pero hace aproximadamente dos años comenzó a cambiar. Empezó a beber más, a ser más descuidado. Nos dejaba solas durante periodos más largos. A veces olvidaba cerrar el candado superior de la trampilla, solo cerraba el inferior.

Amy y yo comenzamos a planear. Hablábamos en susurros cuando sabíamos que Bobby no estaba cerca. Guardamos objetos que podrían ser útiles, un clavo oxidado que encontré en mi cama, un trozo de vidrio roto del televisor cuando Bobby lo rompió en un ataque de ira. Jessica tomó un sorbo de agua que Morrison le ofreció. Pero antes de que pudiéramos intentar nada, Boby anoche nos dijo que ya no nos quería, que éramos demasiado viejas, que había pasado 14 años con nosotras y era suficiente.

Nos drogó con algo en el agua. Cuando despertamos estábamos en el maisal, atadas a esos postes. Bobby estaba parado frente a nosotras. Dijoque iba a dejarnos allí para que muriéramos, que nadie nos encontraría hasta la primavera cuando araran los campos. Pero luego algo cambió. se puso muy nervioso. Seguía mirando su teléfono.

Dijo que tenía que irse, que volvería más tarde para terminar el trabajo y simplemente se fue. Morrison frunció el ceño. Dijo a dónde iba. No, pero estaba asustado. Lo vi en sus ojos. Algo lo había espantado. En ese momento, el teléfono de Morrison sonó. Era el sherifff web. Morrison, ven al estacionamiento del hospital. Ahora Morrison se disculpó con Jessica y salió rápidamente.

En el estacionamiento encontró a Web junto a su patrulla, su rostro sombrío. ¿Qué pasó? Morrison preguntó. Rodeamos la granja de Cran. La casa está vacía. Parece que huyó esta mañana temprano. Encontramos el sótano secreto debajo del granero, exactamente donde Jessica dijo que estaría. Sara, necesitas ver lo que hay ahí abajo. Morrison sintió un escalofrío recorrer su espina dorsal.

¿Qué encontraron? Web le entregó su teléfono mostrándole fotos de la escena del crimen. Morrison sintió que su estómago se revolvía. El sótano estaba lleno de evidencia, dos camas pequeñas con sábanas sucias, un baño diminuto con un inodoro oxidado, pero lo que hizo que Morrison casi dejara caer el teléfono fue la pared del fondo.

Estaba cubierta de fotografías, docenas de ellas, todas de niñas jóvenes. Algunas eran fotos escolares, otras parecían tomadas sin que las chicas lo supieran en parques, centros comerciales, salidas de escuelas. Y en el centro de la pared, con un círculo rojo dibujado alrededor, había una foto reciente de dos niñas de aproximadamente 12 años caminando juntas por una calle.

“Dios mío,” Morrison”, susurró. Jessica tenía razón. Estaba planeando reemplazarlas. Estaba acechando nuevas víctimas. Web asintió gravemente y ahora está suelto en algún lugar con una lista de objetivos potenciales. A las 7:0 pm, la granja de Robert Crane estaba completamente acordonada. Equipos forenses del FBI trabajaban bajo luces portátiles, documentando cada centímetro del sótano secreto.

La detective Morrison había regresado después de completar su entrevista con Jessica para observar el trabajo de la escena del crimen. Un agente del FBI llamado Richard Foster se acercó a ella. Detective Morrison, encontramos algo que necesita ver. Foster la guió hacia una mesa plegable donde habían colocado evidencia recopilada.

Señaló un cuaderno de espiral gastado. Esto estaba escondido debajo de una de las camas. Es un diario. El diario de Jessica Hartman. Morrison se puso guantes de látex y abrió cuidadosamente el cuaderno. La primera entrada estaba fechada 3 meses después del secuestro. 13 de enero de 1991. Amy y decidimos empezar a escribir todo.

Si alguna vez salimos de aquí, queremos que la gente sepa lo que pasó. Queremos que Bobby pague por lo que nos hizo. Morrison pasó las páginas lentamente. Años de entradas detallaban la rutina diaria de las chicas, los abusos que sufrieron, los castigos, pero también sus esperanzas y sueños. Era devastador de leer.

Una entrada de 1997 llamó su atención. Bobby trajo un periódico hoy. Vimos un artículo sobre nosotras. Dice que nuestros padres organizan una vigilia cada año en el aniversario de nuestra desaparición. 7 años. Han pasado 7 años y todavía nos buscan. Amy lloró toda la noche. Yo también quería llorar, pero me obligué a ser fuerte.

Algún día, les prometo que algún día volveremos a casa. Morrison cerró el cuaderno, sus ojos húmedos. Foster habló suavemente. Hay más. Encontramos su computadora. Está encriptada, pero nuestros técnicos están trabajando en ella. También encontramos una caja fuerte oculta en su habitación. Contiene más de 50,000 en efectivo, pasaportes falsos y documentos de identidad bajo tres nombres diferentes.

Entonces, estaba preparado para huir. Morrison dijo, “La pregunta es, ¿qué lo hizo decidir huir anoche específicamente?” El sherifff web se unió a ellos. Creo que tengo la respuesta a eso. Uno de mis oficiales habló con el vecino más cercano de Crin, un hombre llamado Dale Murphy. Vive a 1 kmetro y medio de aquí. Murpy dice que ayer por la tarde, alrededor de las 6 pm, un coche de policía paró frente a la granja de Cran.

Morrison frunció el ceño. Un coche de policía. Uno nuestro. No, Morphe dice que no reconoció el coche. Pensó que era extraño porque nunca había visto patrullas por esta área. El coche se quedó parado unos 10 minutos, luego se fue. Foster intervino. Alguien bajó del coche. Murphy no pudo ver bien desde la distancia, pero dice que después de que el coche se fue, vio a Crain salir de su casa corriendo, mirando en todas direcciones.

Luego, Cran subió a su camioneta y se fue rápidamente. regresó como una hora después con las chicas en la parte trasera. Morrison procesó esta información. Entonces Cin vio un coche de policía cerca de su propiedad y entróen pánico. Pensó que finalmente lo habían encontrado. Por eso llevó a las chicas al maisal.

No iba a matarlas inicialmente, iba a esconderse, pero cuando pensó que la policía estaba cerca, decidió deshacerse de la evidencia. Pero luego el coche desapareció y Crain se dio cuenta de que tal vez había sido una falsa alarma. Web agregó, por eso no regresó a terminar el trabajo, como le dijo a Jessica. En cambio, decidió que era el momento de huir.

Foster golpeó la mesa con frustración. Entonces, un coche de policía no identificado accidentalmente salvó la vida de esas chicas, pero también alertó a Kin que teníamos que huir. Necesitamos saber de quién era ese coche. En el hospital, Amy Chen finalmente estaba despierta y coherente lo suficiente para dar su declaración. Otro detective, un hombre llamado Marcus Torres, se sentó junto a su cama.

Amy, sé que esto es difícil, pero necesito que me cuentes todo sobre Robert Cran. ¿Cómo era? ¿Qué hacía cuando no estaba con ustedes? Amy habló con voz débil pero clara. Bobby tenía un trabajo. Salía todas las mañanas a las 7 a y regresaba alrededor de las 5 pm. Trabajaba en una planta de procesamiento de carne en Mcferson.

nos lo dijo una vez cuando estaba borracho. Torres tomó notas rápidamente. McFerson, eso está a unos 40 km de aquí. Sí, nos dijo que tenía ese trabajo desde antes de secuestrarnos. Dijo que nadie sospechaba nada de él porque era un empleado modelo. Nunca faltaba al trabajo, nunca causaba problemas. Tenía amigos, familia, alguien que pudiera ayudarlo ahora. Amy negó con la cabeza.

Nunca mencionó familia. dijo que sus padres murieron cuando era joven. No tenía hermanos. En cuanto a amigos, a veces mencionaba alguien llamado Frank del Trabajo, pero nunca supimos más sobre él. Torres continuó haciendo preguntas durante otra hora, construyendo un perfil de Robert Cran, 48 años de edad, empleado de planta procesadora de carne, solitario, sin historial criminal conocido, había vivido en esa granja durante más de 20 años heredada de sus padres.

Hay algo más que deberías saber.” Amy dijo cuando Torres estaba a punto de terminar la entrevista. Bobby no trabajaba solo, al menos no siempre. Torres se detuvo. ¿Qué quieres decir? Hace aproximadamente 5 años, Bobby trajo a otro hombre al sótano. Solo una vez. El hombre nos miró como si fuéramos mercancía en exhibición.

Bobby y él hablaron en voz baja, pero escuché fragmentos. El hombre quería chicas frescas. Bobby le dijo que sabía dónde conseguir algunas, pero que costarían dinero. ¿Conseguiste el nombre de ese hombre? No, pero tenía un acento. Sonaba del sur como de Texas o Luisiana y tenía un tatuaje en el antebrazo, un águila con una bandera americana.

Torres inmediatamente transmitió esta información. Si Krain era parte de una red de tráfico humano, el caso acababa de volverse mucho más grande y mucho más urgente. A la mañana siguiente, la búsqueda de Robert Crane se había convertido en una operación masiva. El FBI había emitido una alerta nacional.

Su foto estaba en todas las noticias. Aeropuertos, estaciones de autobuses y cruces fronterizos estaban en alerta máxima. La detective Morrison llegó temprano a la estación de policía. Encontró al sheriff web en la sala de conferencias rodeado de mapas y archivos. Se veía como si no hubiera dormido. Buenos días, Sheriff. ¿Alguna novedad? Web señaló un mapa de Kansas con varios círculos rojos marcados.

Los técnicos del FBI lograron descifrar la computadora de Cran. Encontraron historiales de búsqueda inquietantes. Estaba investigando rutas de escape hacia México. También encontramos registros de compras de provisiones suficientes para meses de escondite. Pero hay algo más. Web continuó deslizando una foto sobre la mesa. Era la imagen de un vehículo.

Este es el coche que Dale Morphe vio ayer frente a la granja de Cran. Logramos mejorar las imágenes de una cámara de seguridad de una tienda de conveniencia cercana. Morrison estudió la foto. Es un sedan for Crown Victoria, el modelo que usamos como patrulla sin marcar. Exacto. Y mira la matrícula.

Morrison entrecerró los ojos. La matrícula era visible pero borrosa. ¿Lograron identificarla? Sí, pertenece a un vehículo retirado del servicio hace 3 años. Fue vendido en una subasta pública. El comprador fue un tal Vincent Torres de Wichita. Torres. ¿Alguna relación con el detective Torres? Web negó con la cabeza. Ya lo verificamos.

Sin relación, pero aquí está lo interesante. Vincent Torres reportó su coche como robado hace dos semanas, el 1 de octubre. Morrison se recostó en su silla procesando la información. Entonces alguien robó un excoche de policía y lo condujo frente a la propiedad de Cran. ¿Por qué? ¿Quién sabría que Cran tenía algo que ocultar? Esa es la pregunta del millón, Web, dijo, “Pero tengo una teoría.

¿Y si no fue coincidencia? ¿Y si alguien sabía sobre Cran y estaba tratando deasustarlo para que cometiera un error?” Antes de que Morrison pudiera responder, un oficial entró apresuradamente. Sheriff, detective, tienen que ver esto. Acabamos de recibir una llamada de una mujer en Salina. Dice que vio a Robert Cin apresuraron a la sala de comunicaciones.

El oficial puso la llamada en altavoz. Una voz femenina nerviosa llenó la habitación. Vi su foto en las noticias. Estoy segura de que era él. Estaba en una gasolinera en la interestatal 135 al norte de Salinas. Estaba llenando el tanque de una camioneta verde. Llevaba una gorra y gafas de sol, pero lo reconocí.

Cuando vio que lo estaba mirando, subió a la camioneta y se fue rápidamente. ¿A qué hora fue esto? Morrison preguntó. Hace unos 20 minutos, alrededor de las 7:15 a. Web ya estaba en su radio. Todas las unidades, posible avistamiento de Robert Cran en Salina, interestatal 135 norte, conduciendo una camioneta verde. Proceder con extrema precaución.

El sospechoso está armado. La siguiente hora fue caótica. Unidades policiales convergieron en el área de Salina. Helicópteros sobrevolaban la interestatal, pero Cran había desaparecido nuevamente. Luego, a las 9:30 a otra llamada. Esta vez de un empleado de un motel en Avilín, Kansas, una pequeña ciudad a unos 80 km al norte de Salina.

Un hombre que coincide con la descripción de Cran se registró aquí anoche. Usó el nombre John Miller. Pagó en efectivo, pero cuando vi las noticias esta mañana reconocí su foto. Fui a verificar su habitación. Ya se había ido, pero dejó algunas cosas. ¿Qué tipo de cosas? Morrison preguntó ahora al teléfono con el empleado. Ropa, un mapa con rutas marcadas y algo extraño.

Un teléfono desechable con una lista de números escritos en un papel. No toque nada, Morrison ordenó. Vamos para allá. Morrison Web y un equipo del FBI llegaron al motel 30 minutos después. La habitación 14 era pequeña y sombría, con una cama deshecha y olor a cigarrillos rancios. Los técnicos forenses comenzaron a procesar la escena.

Morrison examinó el mapa que Cran había dejado. Había círculos alrededor de varias ciudades pequeñas en Kansas y Nebraska. Líneas dibujadas mostraban posibles rutas hacia el norte, hacia la frontera canadiense. Está tratando de salir del país. Web observó. Piensa que puede cruzar a Canadá y desaparecer. El agente Foster del FBI estaba examinando el teléfono desechable.

Hay tres números en esta lista. Voy a rastrearlos. Mientras Foster trabajaba, Morrison notó algo más en la mesa. Era una foto arrugada y manchada. La levantó cuidadosamente. Era una foto de dos niñas jóvenes, las mismas que habían visto en la pared del sótano de Cran. En el reverso de la foto, escrito con letra descuidada, estaba un hombre, Emma y Sofie Mitchell, 12 años. Salina Middle School.

Morrison sintió que la sangre se le helaba. Dios mío, estas son sus próximos objetivos, Emma y Sofie Mitchell. Web inmediatamente hizo una llamada. Necesito localizar a Emma y Sofie Mitchell, alumnas de Salina Middle School ahora y necesito una unidad en su casa inmediatamente para protección. Foster levantó la vista de su teléfono.

Ya arrastré los números. Dos son teléfonos desechables, probablemente también de Crin, pero el tercero es interesante. Es un número registrado a nombre de Frank Domínguez y adivinen dónde trabaja. La planta procesadora de carne en McFerson, el mismo lugar donde trabajaba Cran. Frank, Morrison dijo. Amy mencionó que Cran tenía un conocido llamado Frank del Trabajo.

Necesitamos hablar con ese Frank Domínguez. Web dijo ahora a las 11:00 a, Morrison y Web llegaron a la planta procesadora de carne en Mcferson. El gerente, un hombre corpulento llamado Ron Hastings, los recibió en su oficina con expresión preocupada. “No puedo creer que Bobby haya hecho algo así”, Hastings dijo negando con la cabeza. Trabajó aquí durante 18 años.

Nunca un problema. Siempre puntual, siempre profesional. Necesitamos hablar con Frank Domínguez. Morrison dijo, “Creemos que él y Cran eran cercanos.” Hastings frunció el ceño. Frank ya no trabaja aquí. Renunció hace dos semanas. Dijo que se mudaba a Oklahoma por un trabajo familiar. Ni siquiera dio aviso previo, simplemente se fue.

Morrison y Web intercambiaron miradas. Tiene una dirección para él. Hastings buscó en su computadora. Aquí está. 2847 Oak Street apartamento 5B. 30 minutos después estaban frente a un edificio de apartamentos de estartalado en el lado este de McFerson. El apartamento 5B estaba en el segundo piso. Morrison tocó la puerta. Nada.

Tocó de nuevo más fuerte. Frank Domínguez, policía. Abra la puerta. Silencio. Web asintió a dos oficiales uniformados que los acompañaban. Uno de ellos usó un ariete para forzar la puerta. El apartamento estaba vacío, completamente vacío. No había muebles, ni ropa, ni señales de que alguien hubiera vivido allí recientemente, pero había algo.

En la pared del dormitorio,alguien había escrito con marcador rojo, “Demasiado tarde, detectives. Ya nos fuimos, pero no se preocupen, dejaremos un pequeño regalo de despedida.” Morrison sintió un escalofrío. Es una trampa. Está tratando de distraernos. Su teléfono sonó. Era el agente Foster. Morrison, tenemos un problema. Una de las hermanas Mitó la escuela esta mañana.

Sus padres pensaron que estaba enferma y se había quedado en casa, pero no está allí. Sofi, su hermana dice que Ema salió temprano esta mañana para reunirse con alguien. ¿Con quién? Morrison gritó. Un hombre que dijo ser fotógrafo de la escuela le ofreció tomar fotos gratis para el anuario. Sofie dice que el hombre era amable.

conducía una camioneta verde. Morrison y Web corrieron hacia su patrulla. Foster, necesito que rastrees el teléfono de Emma Mitchel ahora. Ya estamos en eso. El último Pink fue hace 30 minutos, cerca de la reserva natural estatal Canópolis, unos 40 km al oeste de aquí. La reserva Canópolis era una vasta área de más de 30,000 acresos, bosques densos y cañones rocosos.

Si Kin tenía Ema allí, encontrarla sería como buscar una aguja en un pájar, pero no tenían opción. Morrison coordinó con el FBI para desplegar equipos de búsqueda, helicópteros, perros rastreadores, docenas de oficiales. La búsqueda comenzó inmediatamente. Mientras tanto, de vuelta en el hospital de Huchinson, Jessica Harman estaba viendo las noticias en su habitación.

Cuando vio el reporte sobre Emma Mitell, desaparecida, comenzó a llorar. Amy. Jessica llamó a través de la puerta que conectaba a sus habitaciones. Lo hizo. Bob realmente lo hizo. Tomó a otra chica. Amy entró apoyándose en muletas. Sus piernas aún estaban débiles. Se sentó junto a Jessica y tomó su mano. No es tu culpa. No es culpa de nadie, excepto de Bobby.

Pero podríamos haber hecho más. Jessica soyosó. Podríamos haber intentado escapar antes. Podríamos haber encontrado una manera. Jessica. Sobrevivimos 14 años, 14 años de infierno. Y finalmente salimos. Ayudamos a la policía con toda la información que pudimos. Hicimos todo lo que pudimos. En ese momento, el detective Torres entró.

Chicas, necesito pedirles algo. Sé que han pasado por mucho, pero necesito que piensen. Robert Crain les habló durante años. ¿Alguna vez mencionó lugares específicos, lugares donde le gustaba ir? Escondites. Jessica se limpió las lágrimas pensando intensamente. Hablaba de un lugar, lo llamaba su refugio.

Dijo que sus padres solían llevarlo allí cuando era niño. Era cerca de un lago donde pescaban. El lago Canópolis, Amy añadió de repente. Una vez vi un mapa viejo en el sótano. Bobby lo dejó caer de su bolsillo. Tenía un círculo alrededor del lago Canópolis y una ex marcada en algún lugar cerca de los cañones. Torres ya estaba en su teléfono.

Morrison, creo que sé dónde está Cran. En la reserva Canópolis, Morrison recibió la llamada mientras coordinaba equipos de búsqueda. Los cañones. Concéntrense en el área de los cañones cerca del lago. Los helicópteros ajustaron su patrón de búsqueda. 20 minutos después, uno de los pilotos reportó algo.

Tengo visual de una camioneta verde escondida bajo árboles cerca del cañón del búfalo. No hay movimiento visible. Morrison y Web llegaron al área en su patrulla, seguidos por vehículos del FBI. Se aproximaron a pie, armas desenfundadas. La camioneta verde estaba efectivamente allí, parcialmente oculta por ramas, pero estaba vacía. Se fue a pie.

Web, dijo estudiando huellas en el suelo blando. Las huellas van hacia el cañón. siguieron las huellas cuidadosamente. El terreno era rocoso y peligroso, con acantilados que caían abruptamente hacia el río abajo. Después de caminar durante 15 minutos, escucharon algo. Una voz, una voz de niña gritando.

Ayuda, por favor, alguien ayúdeme. Morrison y los otros corrieron hacia el sonido. Emergieron en un pequeño claro donde el cañón se abría y allí, al borde del acantilado, estaba Robert Cran. sostenía Ema Michel frente a él, un brazo alrededor de su cuello, una pistola presionada contra su cabeza. “No se acerquen, Crin”, gritó.

“Daré un paso más hacia atrás y ambos caeremos.” Morrison levantó sus manos, su arma apuntando hacia abajo. “Boby, no hagas esto. Ema no tiene nada que ver con esto. ¡Déjala ir! Dejarla ir. Crain se rió amargamente. ¿Para qué? Para ir a prisión por el resto de mi vida. No, si no puedo tenerla, nadie puede. Ema soyaba, sus ojos aterrorizados.

Morrison dio un pequeño paso hacia delante. Bobby, piensa en Jessica y Jamie. Las liberaste. Déjalas ir. Puedes hacer lo mismo ahora con Emma. Muestra que todavía hay algo bueno en ti. Algo bueno. Crain escupió. No las liberé. Iba a matarlas. Pero ustedes arruinaron todo. Ese maldito coche de policía. me asustó, me hizo actuar precipitadamente.

El agente Foster había rodeado desde otro ángulo, posicionándose donde Cran no podía verlo. Morrison mantuvo a Cranhablando, distréndolo. Bobby, sé que tuviste una infancia difícil. Sé que tus padres te lastimaron, pero esto no es la respuesta. Ema es inocente. Es solo una niña.

Yo también era solo un niño, Crenitó. Y nadie me salvó. En ese momento, Foster hizo su movimiento. Disparó su Taser golpeando a Kin en el costado. Crevulsionó, su brazo aflojando su agarre en Ema. Morrison se lanzó hacia delante, agarrando a Emma y alejándola. Pero Cran, incluso mientras se convulsionaba, intentó mantener el equilibrio al borde del acantilado.

Durante un segundo horrible, pareció que lo lograría. Luego, su pie resbaló en las rocas húmedas. Robert Cran cayó hacia atrás, sus brazos agitándose inútilmente. Su grito fue cortado abruptamente cuando golpeó las rocas 15 m abajo. Su cuerpo rebotó una vez, luego se deslizó por el resto del acantilado hacia el río.

Morrison abrazó a Ema mientras la niña lloraba histéricamente. Web corrió al borde mirando hacia abajo. Kin estaba inmóvil en las rocas junto al río, su cuerpo en un ángulo antinatural. Está muerto, Web. Dijo quedamente. Paramédicos llegaron minutos después atendiendo a Ema. Físicamente estaba ilesa, pero el trauma psicológico sería profundo.

Fue reunida con sus padres una hora después en una escena llena de lágrimas y abrazos. Esa noche, Morrison visitó a Jessica y Amy en el hospital una última vez. Lo atrapamos. Crin está muerto. No puede lastimar a nadie más. Jessica y Amy se abrazaron llorando de alivio. Y Ema. Jessica preguntó. Está a salvo. Regresó con su familia.

Gracias a la información que nos dieron, la encontramos a tiempo. Y Frank Amy preguntó, “¿El hombre que trabajaba con Bobby, todavía lo estamos buscando, pero lo encontraremos. Les prometo que lo encontraremos.” Después de que Morrison se fue, Jessica y Amy se sentaron juntas en silencio por un largo rato. Finalmente, Jessica habló. “Se acabó.

Realmente se acabó.” Amy asintió. Podemos ir a casa ahora. Después de 14 años, finalmente podemos ir a casa. 3 años después del rescate de Jessica Hartman y Amy Chen, Kansas había cambiado fundamentalmente en cómo manejaba casos de niños desaparecidos. El protocolo Hartman Chen fue implementado en todo el estado, requiriendo respuestas inmediatas y coordinadas entre agencias cuando un menor desaparecía.

Jessica y Amie pasaron por años de terapia intensiva. El camino a la recuperación fue largo y doloroso. Tuvieron que reaprender cómo vivir en el mundo, cómo confiar en las personas, cómo procesar 14 años de trauma, pero lo hicieron juntas, apoyándose mutuamente, como habían hecho durante su cautiverio. Jessica decidió estudiar psicología, especializándose en trauma y recuperación.

Trabajaba ahora con otras víctimas de secuestros prolongados, usando su propia experiencia para ayudar a otros a sanar. Amy se convirtió en defensora de víctimas, dando charlas en escuelas sobre seguridad y conciencia. Emma Mitchell, la niña que Cran intentó secuestrar en sus últimos días, también recibió terapia extensiva.

Aunque estuvo en cautiverio solo unas horas, el trauma fue significativo. Sus padres se mudaron a otro estado para darle un nuevo comienzo, pero Emma mantuvo contacto con Jessica y Amie, encontrando consuelo en hablar con otras sobrevivientes. Frank Domínguez, el cómplice de Crin, fue finalmente capturado 6 meses después en Nuevo México.

fue juzgado y sentenciado a cadena perpetua, sin posibilidad de libertad condicional por su papel en la red de tráfico humano. Durante el juicio, se reveló que había ayudado a Cran a seleccionar víctimas y proporcionado recursos para mantener a las chicas ocultas. El misterio del coche de policía que asustó a Cran nunca fue completamente resuelto.

Vincent Torres, el propietario del vehículo robado, insistió en que no sabía quién lo había tomado o por qué. Algunos investigadores especulaban que alguien que sospechaba de Cran había intentado asustarlo inadvertidamente salvando las vidas de Jessica y Amie. Otros creían que fue simplemente un ladrón de coches que casualmente pasó por la propiedad de Cran. La verdad nunca salió a la luz.

Las familias de Jessica y Amy lucharon por reconstruir relaciones con sus hijas. 14 años es mucho tiempo y tanto padres como hijas habían cambiado profundamente. Pero con terapia familiar y paciencia infinita. encontraron nuevos caminos hacia la conexión. No era lo mismo que habría sido si las chicas nunca hubieran sido tomadas, pero era algo real y valioso.

En octubre de 2007, exactamente 3 años después del rescate, Jessica y Amie regresaron al campo de maíz donde habían sido encontradas. Tom Hendricks, el agricultor que las descubrió, las acompañó. Juntos plantaron dos árboles jóvenes en el lugar exacto donde habían estado atadas. Estos árboles crecerán, Jessica dijo tocando las hojas tiernas.

Crecerán fuertes y altos como nosotras. Ey añadió, “Y cuando la gente pase poraquí, verán estos árboles y recordarán que incluso en la oscuridad más profunda hay esperanza, que la supervivencia es posible, que podemos superar cualquier cosa. Co?