
Verano de 1940, Francia. Tras el rápido colapso del ejército francés y la caída de París, las fuerzas alemanas ocupan el norte, mientras que el régimen colaboracionista de Vichy gobierna el sur del país. Francia se convierte no solo en un campo de batalla, sino también en un inmenso mercado donde se mezclan la codicia, la traición y la necesidad de sobrevivir.
A medida que se intensifica el saqueo nazi, obras de arte, oro y joyas de valor incalculable desaparecen de galerías, bancos y domicilios particulares. Para sostener su maquinaria bélica, el régimen nazi se apoya no solo en soldados y burócratas, sino también en empresarios sin escrúpulos, oportunistas y operadores del mercado negro. Mientras algunos franceses se resisten y otros colaboran abiertamente, unos pocos convierten el sufrimiento de una nación en un beneficio personal sin precedentes.
Entre ellos se encuentra un comerciante textil judío que fabrica uniformes militares para el ejército alemán y las SS, al tiempo que contrabandea en secreto obras de arte y tesoros robados para la Gestapo, la temida policía secreta nazi. Amparado por altos funcionarios alemanes, prospera bajo la ocupación, adquiriendo hoteles de lujo, mansiones y propiedades por todo París y la Riviera Francesa.
Mientras millones de judíos son perseguidos y asesinados en campos de concentración, él se convierte, irónicamente, en el hombre más rico de Francia. Su nombre es Mandel Szkolnikoff. Mandel Szkolnikoff nació el 28 de enero de 1895 en Sharkawshchyna, una pequeña ciudad de la actual Bielorrusia que entonces pertenecía al Imperio ruso.
De población mayoritariamente judía y situada cerca de la frontera lituana, la ciudad era un típico centro enfocado al comercio en la región. Se cree que Szkolnikoff pudo haber sido caraíta, una minoría con creencias distintas del judaísmo rabínico, aunque su filiación religiosa exacta sigue sin confirmarse. En la Rusia Imperial, los caraítas eran considerados un grupo religioso distinto y, por ello, a menudo estaban exentos de las leyes antisemitas que afectaban al resto de las comunidades judías.
Szkolnikoff probablemente provenía de una familia de comerciantes relativamente próspera. Su padre, Azjik, trabajaba en el comercio textil, y cuando Mandel era todavía un niño, la familia se trasladó primero a Lituania y posteriormente a Moscú, donde llegaron a vivir en una amplia casa burguesa.
Para 1916, Szkolnikoff ya se dedicaba a los negocios, sirviendo como mayorista de telas para el Ejército Imperial Ruso. Tras la Revolución Bolchevique de noviembre de 1917, continuó abasteciendo de manera breve al recién formado Ejército Rojo. Sin embargo, a medida que el régimen comunista consolidaba su poder, Szkolnikoff decidió huir del país con su familia. 
En la década de 1920, reapareció en Polonia, residiendo en Varsovia y Danzig, donde trabajó como banquero y poseía distintas propiedades. Tras declararse en bancarrota y enfrentarse a problemas legales, Szkolnikoff escapó a Bélgica, donde fue condenado por fraude. Durante este período, sus familiares más cercanos lo acompañaron en sus continuos desplazamientos por Europa.
A comienzos de la década de 1930, Mandel Szkolnikoff se estableció definitivamente en Francia y adoptó el nombre de Michel, con el fin de disimular su origen judío y adaptarse mejor al nuevo entorno. En septiembre de 1934, él y su hermano Gessel fundaron una empresa llamada Textima, dedicada al comercio de telas de segunda mano y excedentes industriales. Para 1936, Szkolnikoff se había establecido en París y era conocido en el ámbito local como “Monsieur Michel”.
Aunque su negocio parecía modesto, vivía cómodamente y conducía un exclusivo vehículo de lujo estadounidense: un automóvil Cord. Circulaban rumores de que Szkolnikoff también se dedicaba al comercio de pinturas y joyas traídas de Rusia. Además, recibió múltiples condenas por fraude, banca ilegal e incluso por ejercer la medicina sin licencia. En 1937, un tribunal ordenó su expulsión de Francia, pero al ser judío apátrida, la sentencia no pudo llevarse a cabo.
Puesto bajo vigilancia policial, Szkolnikoff continuó sus operaciones y en los últimos años antes del estallido de la Segunda Guerra Mundial, su negocio floreció porque compró existencias de competidores en crisis y suministró productos a los grandes almacenes parisinos. La Segunda Guerra Mundial comenzó el 1 de septiembre de 1939 cuando la Alemania nazi invadió Polonia.
La invasión germana de Francia, Bélgica, Luxemburgo y los Países Bajos comenzó el 10 de mayo de 1940. Bélgica y los Países Bajos se rindieron más tarde ese mismo mes, mientras que París cayó en manos de las tropas teutonas el 14 de junio de ese año. Al iniciarse la ocupación alemana de Francia, Mandel Szkolnikoff percibió en aquella situación una oportunidad excepcional.
Mientras una gran parte de la población francesa sufría la represión, el hambre y el miedo diarios, él consiguió amasar una inmensa fortuna al ponerse al servicio del esfuerzo bélico nazi. A partir de noviembre de 1940, comenzó a realizar negocios con la Kriegsmarine, la Armada alemana, que rápidamente se convirtió en su principal y más lucrativo cliente.
Bajo los términos del Armisticio, Francia se vio obligada a pagar a Alemania una indemnización diaria de 400 millones de francos, casi la mitad del presupuesto nacional. Este dinero ayudó a financiar las oficinas de compras alemanas en la Francia ocupada, muchas de las cuales operaban en una zona gris legal. Estas oficinas compraban de todo, desde textiles y cuero hasta perfumes y queso, a menudo a precios inflados.
Era un sistema perfecto para el abuso, diseñado casi a medida para hombres como Szkolnikoff, que se beneficiaban enormemente del volumen de comercio y de los generosos márgenes de beneficio que generaba. A través de la Kriegsmarine, Szkolnikoff conoció a Ellen Elfrieda Sanson, una alemana que trabajaba en adquisiciones navales. Conocida como Hélène, pronto se convirtió en su socia y amante.
Con su ayuda, Szkolnikoff expandió sus operaciones, consiguiendo acceso a fábricas textiles en Francia y Bélgica. Estas incluían no solo productores franceses de medias de seda, lana y algodón, sino también lonas belgas. También suministraba artículos de lujo difíciles de encontrar, lo que le permitió conservar el favor de sus clientes nazis.
A partir de 1942, las SS comenzaron a superar a la Wehrmacht, las fuerzas armadas alemanas, como fuerza de ocupación dominante en Francia. Hélène presentó a Szkolnikoff al Hauptsturmführer Fritz Engelke, quien supervisaba la Oficina Económica y Administrativa de las SS en París y anteriormente había sido secretario personal de Heinrich Himmler, jefe de las SS.
Engelke, con fluidez en el idioma francés y conocido por su eficiencia, se convirtió en un aliado clave. Engelke y su esposa estrecharon lazos con Szkolnikoff y Hélène, y solían pasar los fines de semana juntos en villas y casas de campo. Bajo la protección de Engelke, Szkolnikoff amplió progresivamente el alcance de sus actividades comerciales.
Compraba mercancías a precios muy bajos, a veces con pleno conocimiento de que estaban a punto de ser confiscadas, y luego las revendía a las SS, obteniendo beneficios enormes. En el punto álgido de sus operaciones, se decía que ganaba entre uno y dos millones de francos al mes, una suma extraordinaria para la época. Su fortuna total se estimaba en dos mil millones de francos, equivalente a casi 590 millones de dólares estadounidenses actuales.
Sin embargo, en agosto de 1943, mientras Engelke se encontraba en Alemania, Szkolnikoff y Hélène fueron arrestados por la unidad antimercado negro de la Gestapo. Sus propiedades fueron registradas y sus actividades, investigadas. Tras el regreso de Engelke, logró la liberación de Szkolnikoff, pero a partir de entonces, éste trabajó de manera exclusiva bajo la protección de las SS.
Centrándose en las inversiones a largo plazo, Szkolnikoff se dedicó al sector inmobiliario. A partir de 1942, creó una red de empresas con sede en Mónaco, donde incluso obtuvo la residencia oficial. Compró al menos siete hoteles de lujo, entre ellos el Louvre y el Windsor en Mónaco, el Plaza en Niza, el Grand Hôtel en Aix-les-Bains y el Grand Hôtel de París en la capital gala.
Muchos de estos establecimientos se habían vuelto financieramente vulnerables tras la crisis financiera mundial de 1929, lo que facilitó su adquisición. Szkolnikoff también tomó el control de Foncière du Nord, una inmobiliaria en crisis, lo que le dio acceso a aún más propiedades. Sus activos pronto se extendieron a París, donde poseía unos 50 edificios, especialmente en los Campos Elíseos.
Al adquirir Société Générale Immobilière por 139 millones de francos, se hizo con el control de unos cincuenta edificios, incluyendo dieciséis solo en la rue Marbeuf de París. En Mónaco, compró al menos seis edificios y siete villas, convirtiéndose con el tiempo en el mayor propietario inmobiliario del principado. Sus adquisiciones dispararon los precios de los bienes inmuebles de tal manera que el gobierno monegasco modificó la legislación para exigir la aprobación oficial para futuras transacciones.
A medida que su fortuna continuaba aumentando, Szkolnikoff y Hélène adoptaron un estilo de vida cada vez más extravagante y ostentoso. En París, residían en el número 19 de la Rue de Presbourg, a pocos pasos del Arco del Triunfo, donde mantenían una lujosa casa atendida por diez empleados. También pasaban largas temporadas en Mónaco, donde la fastuosa colección de joyas de Hélène y sus hábitos de compra se volvieron casi legendarios.
Pasaban los fines de semana en una villa de Chatou o en el Château d’Aine, cerca de Mâcon. Su mesa, conocida como una de las más elegantes de París, albergaba contactos comerciales, oficiales alemanes y proveedores belgas. Algunos incluso afirmaban que el propio Himmler los visitó en una ocasión, acompañado por Engelke. A principios de 1944, cuando la guerra se tornó contra Alemania, Szkolnikoff comenzó a transferir discretamente parte de su fortuna a España.
En enero, empezó a viajar con frecuencia a la España franquista, llevando oro y joyas. La inteligencia del país vecino empezó a sospechar. En mayo de 1944, fue arrestado en posesión de una gran cantidad de joyas valoradas en 800 millones de francos. Engelke intervino una vez más, y Szkolnikoff fue liberado el 26 de junio. Sin embargo, se le prohibió salir de España.
Con el desembarco de Normandía en marcha y la liberación de Francia en curso, decidió permanecer en España mientras intentaba proteger su vasto imperio inmobiliario del colapso. La Segunda Guerra Mundial en Europa terminó el 8 de mayo de 1945. Szkolnikoff, aún varado en la España franquista e incapaz de regresar a Francia, seguía siendo buscado.
En respuesta, el servicio de inteligencia del Gobierno Provisional Francés formó, según se informa, un grupo encubierto para rastrear a los colaboradores que habían huido al extranjero. Los miembros de este grupo idearon un plan para capturar a Szkolnikoff y llevarlo de manera clandestina de vuelta a Francia. El 10 de junio de 1945, un grupo de agentes lo atrajeron a una trampa en Madrid con el pretexto de una transacción de joyas.
Una vez allí, se resistió a la captura y tuvo que ser sedado y metido en el maletero de un coche con destino a la frontera francesa. Sin embargo, durante el viaje, Szkolnikoff, de 50 años, murió, probablemente debido a una sobredosis de sedantes. Temiendo ser descubiertos, los agentes arrojaron su cuerpo bajo un puente cerca del pueblo de El Molar, a unos 30 kilómetros al norte de Madrid, lo rociaron con gasolina y le prendieron fuego.
Sin embargo, existe un relato contradictorio sobre las circunstancias de su muerte, según el cual, cuando Szkolnikoff se defendió, recibió una paliza tan fuerte que sufrió una fractura de cráneo y murió de un ataque al corazón. Incluso se cuestionan los motivos del comando enviado para repatriarlo. Algunos afirman que intentaron traerlo de vuelta a Francia para recuperar su inmensa fortuna para el estado; otros, que fue para su propio enriquecimiento.
En cualquier caso, todos los bienes de Szkolnikkoff, así como los de las personas reconocidas como solidariamente responsables, fueron embargados. La “incautación de Szkolnikoff” es, hasta la fecha, la mayor en la historia de Francia. Gracias por ver World History Channel.
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